De los hoplitas griegos a Wagner: la historia secreta de los mercenarios que cambiaron imperios

Un recorrido histórico por la figura del soldado de fortuna, hombres que no luchan por una bandera sino por una paga y cuyo papel ha sido clave en la historia

Redacción COPE Málaga

Málaga - Publicado el

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La historia está llena de figuras que hicieron de la guerra un oficio. Son los conocidos como mercenarios o soldados de fortuna, hombres que no combaten por lealtad a una bandera o una patria, sino a cambio de una paga o un botín. Esta figura, lejos de ser un fenómeno moderno, ha existido desde que existe la propia guerra y ha sido determinante en el destino de reinos e imperios. 'La Noche de Adolfo Arjona' hace un recorrido por su historia.

Los primeros soldados de fortuna

Una de las primeras grandes historias de mercenarios es la de los Diez Mil, narrada por Genofonte en su obra Anábasis en el año 401 a. C.. En ella cuenta cómo un príncipe persa, Ciro el Joven, contrató a 10.000 hoplitas griegos para arrebatarle el trono a su hermano. Tras la muerte de Ciro en la batalla, los griegos se encontraron solos, sin líder y en el corazón del imperio enemigo, emprendiendo una épica marcha de supervivencia hasta ver de nuevo el mar.

Otro caso paradigmático fue el de Cartago, una potencia mercantil que basaba su poder militar en el dinero y, por tanto, en los mercenarios. Tras ser derrotada por Roma en la Primera Guerra Púnica, se vio arruinada e incapaz de pagar a sus soldados. Esto desencadenó la Guerra de los Mercenarios, un conflicto de una brutalidad extrema que fue sofocado por el general Amílcar Barca, padre de Aníbal. Como consecuencia, Cartago perdió importantes territorios y fijó su atención en Iberia.

Héroes, mitos y ejércitos privados

En Bizancio, un imperio marcado por las intrigas palaciegas, los emperadores decidieron confiar su seguridad a extranjeros sin vínculos locales para evitar traiciones. Así nació la mítica Guardia Varega, una unidad de élite formada por vikingos procedentes de Escandinavia. Por sus filas pasaron figuras como Harald Hardrada, quien antes de convertirse en rey de Noruega fue guardaespaldas del emperador en Constantinopla.

La Edad Media demostró que la paz podía ser más peligrosa que la guerra. Treguas como la que siguió a la Guerra de los Cien Años dejaron a miles de soldados sin empleo, pero armados y con experiencia. Estos se organizaron en las llamadas compañías libres, ejércitos privados que funcionaban como la mafia, ofreciendo sus servicios de saqueo o protección al mejor postor.

La figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, también se analiza desde esta óptica. Aunque es considerado un héroe nacional, sirvió a señores distintos, incluyendo al rey Alfonso y al Taifa de Zaragoza. En el siglo XI, la lealtad era un vínculo personal con un señor, no con un territorio, por lo que el Cid actuó como un soldado de fortuna en un mundo de fronteras cambiantes donde las alianzas entre cristianos y musulmanes eran comunes.

Contratistas modernos: la guerra como empresa

Actualmente, ya no se habla de mercenarios, sino de "contratistas" o "empresas militares privadas", pero la esencia es la misma: grupos armados que responden a quien les paga. El principal problema que plantean es la falta de responsabilidad, ya que operan en zonas grises y jurisdicciones confusas, permitiendo a los estados que los contratan negar su implicación en acciones controvertidas. Como resume un eufemismo habitual: "No eran tropas, eran consultores".

El ejemplo más conocido es el Grupo Wagner, la fuerza paramilitar vinculada a Rusia y utilizada en escenarios como Ucrania o África, donde ahora operan bajo el nombre de Africa Corps. Su objetivo es proporcionar músculo militar permitiendo la negación política al Kremlin. Su antiguo líder, Yevgueni Prigozin, murió en un misterioso accidente aéreo tras protagonizar un motín contra Moscú.

En el bando estadounidense, el nombre más famoso fue Blackwater, una empresa militar privada que operó en Irak y otros conflictos. Al igual que Wagner, servía para actuar en escenarios donde no convenía una intervención directa. La compañía ha cambiado varias veces de nombre para ocultar su rastro y hoy forma parte de un conglomerado empresarial más amplio, dificultando el seguimiento de sus responsabilidades.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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