"A Tejero le marca mucho el País Vasco, cuando se van acercando los años de la Transición, tiene una creciente radicalidad, por ejemplo, se opuso a la exhibición de una ikurriña"

El historiador Emilio Sáenz-Francés analiza en 'La Linterna' la trayectoria del teniente coronel y el convulso contexto político que desembocó en el golpe del 23-F

José Manuel Nieto

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La figura de Antonio Tejero, protagonista del fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, ha vuelto a la actualidad tras su fallecimiento. Para analizar su trayectoria y el contexto histórico, el programa La Linterna de COPE ha contado con el historiador Emilio Sáenz-Francés, quien ha desgranado las claves de su figura y del convulso período de la Transición.

Una radicalidad creciente

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Sáenz-Francés ha explicado que, aunque la carrera del teniente coronel de la Guardia Civil le llevó por destinos como Canarias o Galicia desde su Málaga natal, "le marca mucho sus destinos en el País Vasco, en Vitoria y en San Sebastián". Es en esa etapa, cercana a la Transición, donde experimenta "una creciente radicalidad", oponiéndose a decisiones como "la exhibición de la bandera del País Vasco, la Ikurriña", lo que finalmente le costó el puesto.

Antes del famoso asalto al Congreso, Tejero ya había participado en 1978 en la "Operación Galaxia", una intentona golpista considerada la "precuela del 23F". Según el historiador, a pesar de este antecedente, "sale bastante bien parado y se va a acabar convirtiendo en la cara, si se quiere expresar así, en el icono del golpe de estado del 23-F".

Un juicio para la historia

El posterior juicio fue, en palabras de Sáenz-Francés, un "juicio para la historia" y un "juicio show". En el banquillo se sentaron desde los grandes nombres como Armada, Milans del Bosch y el propio Tejero, hasta los "guardias civiles imberbes que entraron con Tejero en el congreso", cada uno con sus propias estrategias de defensa.

Antonio Tejero

La altanería de Tejero quedó patente durante el proceso. El historiador ha recordado la célebre respuesta del teniente coronel cuando le preguntaron por la hora a la que entró en el hemiciclo: "La próxima vez que asalte el congreso me acordaré de mirar el reloj". Esta frase evidencia la actitud desafiante que mantuvo.

La próxima vez que asalte el congreso me acordaré de mirar el reloj"

Las condenas iniciales, dictadas por un tribunal militar, fueron consideradas "leves" por el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, por lo que se elevaron al Supremo. Tejero recibió la pena más alta, 30 años de cárcel, pero solo cumplió 13 antes de salir a la calle. Posteriormente, fundó el partido político Solidaridad Española, con el que obtuvo cerca de 30.000 votos, y mantuvo un perfil bajo.

Europa Press

(Foto de ARCHIVO)23 DE FEBRERO DE 1981 - MADRID, ESPAÑA: Interior del Congreso de los Diputados durante el intento de Golpe de Estado. El Teniente Coronel Tejero, pistola en mano, accede al hemiciclo e interrumpe la primera toma de posesión como presidente del gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo. En la imagen se puede observar a Manuel Gutiérrez Mellado, capitán general del ejército de tierra español y político, poco después de forcejear con los efectivos de la Guardia Civil que acompañan al Teniente Coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, en la toma del Congreso de los Diputados.Europa Press / Europa Press23/2/1981

La Transición, 'cogida por alfileres'

El historiador ha subrayado que para entender el golpe es crucial analizar el contexto de 1981 en España. "La transición está acogida por alfileres", ha afirmado Sáenz-Francés. El país se enfrentaba a una grave crisis económica, el terrorismo de ETA vivía sus años más crueles y la situación política era de máxima debilidad tras la dimisión de Adolfo Suárez. Se puede escuchar aquí el análisis completo de la época.

La transición está acogida por alfileres"

El asalto al Congreso tuvo lugar precisamente durante la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo. Además, Sáenz-Francés ha recordado un episodio ocurrido 20 días antes en las Juntas Generales de Vizcaya, donde "el rey es increpado, abucheado por los junteros de Herri Batasuna", una "afrenta" que para algunos aceleró el golpe. En definitiva, era un momento en que "se podía pensar que la Transición podía descarrilar".

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