"Si Groenlandia se pierde, se va a perder a nivel diplomático y se va a perder con acuerdos. No se va a perder con ninguna guerra"
El pueblo inuit reivindica su identidad frente al interés de Trump mientras los daneses, aunque preocupados, confían en una solución diplomática para el futuro de la isla
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
En Groenlandia, la vida transcurre a otro ritmo, uno pausado, donde se saborea cada instante. En un viaje para ‘La Linterna’, Ángel Expósito ha descubierto la vida y la identidad del pueblo inuit, que conforma más del 90% de la población, en un momento geopolítico clave para el futuro del Ártico. Esta realidad, detallada en los programas de COPE, choca con las tensiones internacionales que sitúan a la isla en el centro del tablero.
La identidad inuit, un pilar innegociable
Ser inuit es pertenecer a un pueblo indígena del Ártico; significa "la gente" en su idioma, el inuktitud. Aunque su sociedad evoluciona y combina tradiciones como la caza y la pesca con elementos modernos como el trabajo asalariado o la política, sus raíces siguen siendo el ancla en un momento en que se sienten etiquetados por intereses externos.
Expósito con una inuit
Un joven cazador y pescador de 24 años lo resume con contundencia: "Siempre nos hemos sentido inuit, groenlandés. Nunca nos hemos sentido daneses ni estadounidenses, somos inuits". A pesar del acoso mediático por el interés de Donald Trump en la isla, la comunidad rechaza cualquier oferta económica y solo pide respeto por su cultura y su tierra.
Aquí somos felices, amamos Groenlandia, nos encanta nuestra tierra"
La felicidad, para ellos, se basa en la familia y la paz, un anhelo profundo tras décadas de abusos por parte de los daneses, por los que la primera ministra Mette Frederiksen ha pedido perdón. "Aquí somos felices, amamos Groenlandia, nos encanta nuestra tierra. Somos gente de esta tierra, y siempre vamos a estar aquí", afirma el joven, en una visión que comparten otras voces locales.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estrecha la mano de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen.
Con todo, el joven muestra una sorprendente capacidad de análisis, reconociendo los movimientos de poder en la región. "Cuando pensamos en lo que pasa en todo el mundo, especialmente con los chinos y rusos queriendo acercarse más al Ártico, es entendible que Trump reaccione de alguna manera", admite, aunque sentencia: "Necesitamos más diplomacia".
La visión desde Copenhague
Para comprender la perspectiva danesa, Expósito ha entrevistado a Ángel Rueda, un español que vive en Copenhague desde hace cinco años. Rueda, que se reinventó como dietista tras perder un oído, ofrece una visión desde dentro de una sociedad con un fuerte choque cultural pero muy cohesionada.
Rueda describe a los daneses como reservados, con un humor sarcástico e irónico sobre el "lío de Groenlandia", pero subraya que "la preocupación existe". Para ellos, no hay duda: "Groenlandia es Dinamarca". Esta unidad se refleja en la confianza hacia sus líderes y en un fuerte sentimiento nacionalista, herencia de cicatrices históricas como la invasión nazi.
Si se pierde, se va a perder a nivel diplomático y se va a perder con acuerdos"
La lectura final de Rueda es clara y da título a esta crónica. "Si se pierde, se va a perder a nivel diplomático y se va a perder con acuerdos. No se va a perder con ninguna guerra", asegura. Él cree que la solución pasará por acuerdos bilaterales, posiblemente con bases militares, comparando la situación con "dejarse querer a las 4 de la mañana en la discoteca".
Mientras tanto, el gobierno danés transmite calma y asegura que "están haciendo cosas", aunque Rueda señala el miedo a que instituciones como la ONU o la Unión Europea "estén de perfil". Ante la incertidumbre, la postura danesa es firme: "Estamos juntos y lo vamos a hacer nosotros".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.