"Todavía me remueve por dentro el caso de Noelia, su historia nos obliga a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos ser"
Escucha el monólogo de Irene Pozo en 'La Linterna de la Iglesia'
- 3 min lectura
¿Qué tal? Muy buenas noches. Todavía me remueve por dentro el caso de Noelia, la joven que este jueves recibía la eutanasia tras solicitarla hace un par de años. Tenía 25 años y toda una vida por delante, pero sin embargo la convicción de que ya no merecía la pena ser vivida.
Noelia no ha tenido una vida fácil, su historia está atravesada por el dolor, por situaciones muy difíciles y por una realidad que poco a poco parece haber ido estrechando su horizonte hasta dejarla sin salida. Son dos años de espera y uno se pregunta si lo hemos hecho bien, si no ha sido tiempo suficiente para ayudarla a descubrir que realmente su vida merecía la pena ser vivida.
Esto me hace preguntarme directamente qué hacemos con el sufrimiento cuando irrumpe sin pedir permiso, porque detrás de todos los titulares y opiniones de estos días, algunos escalofriantes, hay una joven de 25 años con una vida atravesada por el dolor físico y también por las heridas que no siempre se ven, que ha repetido durante meses e incluso años, que quiere morir.
Y también hay una familia que se resiste, que no acepta esa decisión y que ha agotado todas las vías posibles para impedirlo. Y esto también me remueve por dentro, porque en este caso no enfrenta solo a dos partes, enfrenta dos maneras de entender al ser humano. Por un lado la idea de que uno es dueño absoluto de su vida, también de su final. Por otro, la convicción de que la vida es un don, algo que nos ha sido dado y que no podemos disponer sin más.
Me quedo con lo segundo, sin duda, pero hay algo que me inquieta más todavía. Y es que cuando una persona pide morir, quizá la primera pregunta no debería ser si puede hacerlo, sino por qué ha llegado a ese punto, qué ha fallado antes, qué soledad, qué desesperanza, qué dolor físico o interior ha hecho que la muerte aparezca como la única salida posible.
La ley española contempla la eutanasia como un derecho en determinadas condiciones, con garantías y procedimientos, que en este caso han sido validados una y otra vez por distintas instancias judiciales. Pero que algo sea legal no quiere decir que sea ético, no agota la pregunta sobre si es bueno o si es lo mejor que podemos ofrecer como sociedad. Me duele que empecemos a aceptar con demasiada facilidad que hay vidas que se apagan porque no han encontrado otra respuesta, que confundamos acompañar con resolver, que confundamos compasión con eliminación del sufrimiento a cualquier precio.
De nuevo la pregunta: ¿hemos estado a la altura antes de llegar hasta aquí? Porque quizá el verdadero fracaso no está en cómo termina una vida, sino en todo lo que no hemos sabido hacer antes para sostenerla. Hoy Noelia ya no está, pero su historia no debería cerrarse con ella. Nos obliga a mirarnos, a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos ser.
Porque yo quiero una sociedad de valores, que no abandona, que no se rinde ante el dolor, que sigue creyendo que toda vida tiene un valor infinito. Porque la dignidad humana no depende de cómo estemos ni de cuánto suframos, ni de si vemos o no una salida. La dignidad es algo que no se pierde nunca.
Y quizá todo empieza por ahí, por volver a mirar a cada persona, también en su fragilidad, como alguien irrepetible, valioso, digno de ser cuidado y amado hasta el final.