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Jarabo, un asesino

Recuperar una carta y un anillo empeñado fueron los motivos que llevaron a José Jarabo Pérez Morris, ‘Jarabo’ a convertirse en un asesino.

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El periodista Diego Martínez nos trae una semana más un nuevo caso de psicópatas

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 12:11

Los crímenes tuvieron lugar entre el 19 y 21 de julio de 1958. Las fallecidas fueron Paulina Ramos Serrano de 26 años, Amparo Alonso Bravo de 30, Emilio Fernández Díaz, de 45 y Félix López Robledo de 42 años.

¿Quien es Jarabo?

Había nacido en Madrid en 1923 en el seno de una familia adinerada por lo que se educó en buenos colegios. Considerado un niño bien, fue alumno de Nuestra Señora del Pilar del que salieron relevantes personalidades de la vida pública. Era sobrino del entonces presidente del Tribunal Supremo, Francisco Ruiz Jarabo.

Una adolescencia en Puerto Rico

En 1940, siendo un adolescente, su familia decidió trasladarse a Puerto Rico. Dejó los estudios y pasó a ser un vividor al amparo de su madre. Era un chico guapo, alto y esbelto. Solo tenía 20 años cuando conquistó a una joven rica con la que decidió casarse, aunque poco duró el matrimonio. Entonces se fue a Nueva York y allí fue condenado por trafico de drogas y pornografía. Estuvo cuatro años a la sombra, en la cárcel.

El regreso a Madrid y su pasión por la vida nocturna

En 1950, Jarabo con 27 años regresa a Madrid y se hace el dueño de la noche. Su tren de vida, el vicio y el despilfarro hacen que en ocho años se gaste 15 millones de pesetas. Mucho dinero en esos años. Se los había dado su madre para que llevara buena vida en la capital de España.

Alcohol y drogas, un cóctel que lo volvía agresivo

Jarabo bebía todos los días. Junto a las drogas la volvían una persona muy agresiva. En 1957 conoce a Beryl Martin Jones, una inglesa casada con un francés que vino a España para replantearse su matrimonio. Jarabo se convierte en su gigoló.

Un gasto de dinero incontrolable

Jarabo que empezaba a ver que el dinero se agotaba, y esperando un cargamento de cocaína, decide junto Beryl Martin Jones empeñar una sortija de esta. La madre le enviaba todos los meses 7.500 pesetas, que muchas veces las había gastado a mediados de mes. La pareja se traslada a la casa de empeños Jusfer, propiedad de Emilio Fernández Díaz y Félix López Robledo, allí dejan el anillo.

Recuperar el ansiado anillo de la casa de empeños

Cuando Beryl Martin Jones regresa a Inglaterra, su marido le preguntó por el anillo. Era muy urgente recuperar aquella pieza, por lo que los dueños de Jusfer le piden a Jarabo una carta con la autorización de la propietaria para devolverlo. Cuando este se persona con la carta, le piden 50.000 pesetas en metálico. Aquella carta se la quedaron en Jusfer hasta que pasara a liquidar el tema del anillo.

En la casa de Emilio Fernández uno de los fiadores

Jarabo que se desvivía por las mujeres, llegó a tarde a Jusfer el día de la cita para cerrar el tema del anillo. Pero entonces se fue al domicilio de Emilio Fernández, donde la sirvienta le abrió la puerta. Jarabo quería que le devolviera el anillo y la carta. Entre la discusión, Jarabo le pegó un tiro. La empleada salio corriendo y en el pasillo se encontró con Jarabo. Este forcejeo con la mujer y le clavo el cuchillo que ella llevaba en las manos, porque estaba preparando la cena, hasta la empuñadura en el pecho.

En busca de la sortija

Seguidamente se lavó las manos, se puso unos guantes de goma y se puso a rebuscar por toda la casa en busca de la carta y el anillo. Pero oyó que abrían la puerta. En ese momento se encontró de frente con la esposa del fallecido Emilio Fernández. Quiso engañarla haciéndose pasar por inspector de Hacienda. Pero esta observo sangre en el pasillo. Cuando descubrió lo ocurrido corrió hacia el dormitorio, Jarabo sin piedad le pegó un tiro en la nuca.

Una noche entre tres cadáveres

La frialdad de Jarabo era tal que decidió pasar la noche y descansar entre tres cadáveres. Por la mañana se fue a la calle con una camisa del difunto, la suya estaba llena de sangre. Como era fin de semana, decidió que el lunes iría a la casa de empeños para seguir la búsqueda del anillo y la carta. Entró por la trastienda y se ocultó en el almacén. Esperó al otro socio. Cuando este abrió la puerta se encontró a Jarabo. Le pego dos tiros.

La ropa mancha a la tintorería

 Su traje se manchó de sangre por lo que opto por ponerse uno que había en la tienda. Luego cogió un maletín, donde metió esa ropa manchada, se llevó el dinero de la cartera del fallecido y se marchó del lugar. Llevó la ropa a una tintorería y quedó en ir a recogerla al día siguiente. También dejó el maletín. Luego pasó el día bebiendo y la noche junto a dos mujeres.

Detenido cuando iba a recoger la ropa ya limpia

Cuando se disponía a recoger la ropa, dos policías le estaban esperando, había dejado muchas pruebas en sus cuatro asesinatos. Su declaración en comisaria fue clara, eso si, a cambio de comida y bebida durante el interrogatorio. El juicio se celebró en la Audiencia Provincial de Madrid en medio de gran expectación. Cada día del juicio, Jarabo estrenaba traje.

Una agonía lenta el día de la ejecución

A las cinco de la madrugada del 4 de julio de 1959, Jarabo oyó misa y comulgó. Vestido impecable y tranquilo salió hacia la muerte, tenía una cita con su verdugo Antonio López Sierra, El Corujo. Como era fuerte y tenia un gran cuello tardó veinte minutos en morir asfixiado. Y es que el Corujo era débil, iba bebido y no acertaba a rematar su labor. Fue una larga agonía para uno de los grandes asesinos del siglo XX en este país.

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