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Manuel Agustín, un médico venezolano que lucha por una vida mejor en España: "No quería perder el tiempo"

El facultativo, que espera la convalidación de su título en nuestro país, ha contado su historia de superación en los micrófonos de 'Herrera en COPE'

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Redactora de COPE.es

Madrid

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 13:19

Manuel es médico, pero lleva dos años sin ejercer aquí en España, esperando a que le convaliden el título. Y no por capacidad, porque es un gran profesional, sino por trámites burocráticos, con la falta que nos hacen los médicos.

Estos años se ha tenido que buscar la vida como ha podido, llevando comida a domicilio, limpiando locales, cuidando a personas en sus casas.

Hubo un momento en su historia en el que Manuel lloraba durante una hora diaria para gastar todas sus lágrimas antes de llegar a casa. Pero la historia de Manuel comienza lejos, a 7.500 kilómetros.

Manuel Agustín Reyes cuenta su testimonio en los micrófonos de 'Herrera en COPE'. Este médico es de Santa Ana de Coro, la primera ciudad fundada en Venezuela. Además, es el segundo de tres hermanos.

Manuel Agustín


Así recuerda su infancia y su ciudad de origen: "Es una ciudad colonial, muy bonita, muy turística. La provincia en sí es muy completa. Playas, ríos, montañas. Creo que solo le falta nieve, pero ya, eso es mucho pedir".

Manuel no quería ser médico de pequeño. Quería ser policía. Y finalmente no fue posible por la inseguridad que se respiraba en su país.

"Las noticias te daban un poquito de pánico. Y bueno, más a mis padres", relata en los micrófonos de 'Herrera en COPE'. Tal y como le contaba a Alberto Herrera, veía a su hermano estudiar y eso le llamó poco a poco la atención.

En 2016 se gradúa y empieza a ejercer en distintos centros. Y a partir de ahí le empezaron a suceder muchas cosas. Le llegaron a apuntar con un arma.

"Estaba lloviendo muchísimo. Entran gritando. Auxilio, por favor, que alguien entienda. Que entienda a mi amigo, que entienda a mi amigo. Y venían prácticamente en bañadores. Y uno se sujetaba la muñeca. Y pasa por aquí, pasa por aquí. ¿Dónde está el doctor? ¿Dónde está el doctor? Que lo salven, que lo salven porque aquí nadie va a salir vivo".

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Y de repente, sacaron el arma. Entró en pánico y los de seguridad del centro de salud salieron corriendo. Casualmente, se encontraba la directora del centro de salud, y por suerte, se pudo gestionar esa situación.

A Manuel le cambia la vida, cuando a su niño, que se llama también Manuel, le diagnostican un problema de salud. Eso requería de ciertas medicinas. Unas medicinas que costaban quince dólares al mes. "En ese año, yo ganaba aproximadamente, entre 4 y 7 dólares al mes. Y sí, era muy difícil el costo de los medicamentos que él necesitaba, aparte de estudios. Y no había una causa tampoco todavía específica que diera con el diagnóstico que él pudiera tener. Entonces también teníamos esa incertidumbre".

Su mujer todavía estudiaba y, con la ayuda de sus padres, de sus suegros y haciendo guardia en clínicas conseguía ese dinero.

"No quería perder el tiempo, tenía un bebé que venía en camino y mi meta era hacer algo"

Por este motivo, lleva un momento en el que decide buscar oportunidades en otro sitio. Y su familia marcha a Ecuador. Allí, tuvo problemas y le costó ejercer como médico porque era venezolano. Se asociaba su país al crimen.

Su mujer se queda embarazada de su niña, Manuela, en Ecuador. Y es ahí cuando deciden venir a España.

"El esposo de una prima me dice, mira, tengo una cuenta de repartidor, solo tenemos que buscarte el casco y la bicicleta". Y se puso manos a la obra. "No quería perder el tiempo, tenía un bebé que venía en camino y mi meta era hacer algo", le cuenta a Alberto Herrera.

Un día como rider era duro. Su jornada empezaba a las siete de la mañana. "Mientras mi esposa me hacía el desayuno, vestíamos al niño para el cole, cogía yo mi mochila de repartidor y pasaba dejando al niño primero en el cole hasta la parada, que el autobús pasaría a las nueve de la mañana y a eso de mediodía estaba yo aquí en Madrid. Y perdido completamente, a pesar del GPS". Llegaba llorando a casa y a última hora para que su mujer no le viese. Es ahí cuando coge el teléfono y llama a su padre para decirle que no puede más.

Y al poco tiempo, consigue trabajo en un local de ocio en Madrid, en un local de intercambio de parejas, limpiando. Compagina ambas cosas.

"En la discoteca entré por una chica, era la que hacía suplencias de limpieza ahí. Ella tenía una escoliosis, tenía una hernia lumbar y se le hacía muy difícil lo que es levantar peso y todo. Entonces ella me da la oportunidad a mí. Me explicaba cómo limpiar todo. La jornada era de cinco horas".

Al final tuvo que dejar uno de los dos trabajos, el de rider, porque no eran sostenibles ambas cosas.

"Toda la jornada estaba limpiando, ayudando a los compañeros en barra. Estaba muy cansado y lo que yo dormía era en el autobús tanto de ida como como como de vuelta".

Reflexionaba sobre muchas cosas mientras esperaba que le convalidasen su título como médico. "Cuando yo inicié el proceso estaba en 28 meses la homologación del título. El 3 cumplí los dos años y no hay una fecha exacta".

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