Luis del Val: "El envilecimiento de la universidad vasca progresa adecuadamente"

El profesor recuerda aquel otro 11 de diciembre cuando ETA puso una bomba en la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza

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Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:47

Ha habido dos ocasiones en las que he estado a punto de echarme a llorar delante de un micrófono. Una de ellas fue un 11 de diciembre, que no se ha borrado de mi memoria. En aquel año a Carlos Herrera le habían galardonado con su primer premio Ondas, y al siguiente coincidiríamos por vez primera en la SER. Hacía seis meses que tratábamos de digerir el atentado de Hipercor, cuando, a temprana hora, vino de Zaragoza la terrible noticia de que la casa cuartel de la Guardia Civil había sido casi destruida por una carga explosiva. Iñaki Gabilondo me miró, salí del estudio, y me puse a escribir una de las crónicas más tristes de mi vida, que creo que comenzaba diciendo “ETA ha puesto un villancico de horror, debajo de las camas de los niños, y ha llenado de sangre los belenes de España”. Regresé y, antes de darme paso Iñaki, escuchamos la última crónica de Zaragoza. Nuestra compañera, nerviosa, hablaba de trozos de cuna, de muñecos, de juguetes rotos, de vidas infantiles quebradas para siempre. A todos los que estábamos en el estudio se nos pusieron los ojos húmedos, e Iñaki, trasladó la silla con ruedas deslizantes en las que se sentaba, y se puso junto a mí, por si, en algún momento, me rompía en la lectura. No sé cómo aguanté, pero soporté la tensión y, luego salí hacia los lavabos para limpiarme la cara de la sal de las lágrimas.

Hoy, en el diario El Mundo, hay una conversación con el matrimonio Barrera. Sus gemelas, Miriam y Esther, tenían tres años. Siempre tendrán tres años, porque ETA no les permitió que siguieran viviendo. Y hoy, también, viene la referencia de la charla de un asesino de ETA, en la Universidad vasca, aplaudido por un centenar de estudiantes, lo que demuestra que el envilecimiento de la universidad vasca progresa adecuadamente, y puede que alcance los primeros puestos mundiales en indecencia e infamia, mientras contemplamos la resignación de la sociedad, de la que hablaba ayer, en el astrolabio de ABC, su director Bieito Rubido.

Hay una resignación virtuosa, que es la resignación cristiana ante los avatares de la vida, pero hay también una resignación cobarde, ante la pasividad y la dejadez, cuando el egoísmo, la irrefrenable ansia de poder, el cinismo y la soberbia amenazan con destruir nuestra convivencia, y algo debe de andar mal, cuando alguien decide que la organización de nuestra sociedad depende de lo que diga un preso, que está en la cárcel por graves delitos cometidos. Y no, Cayetana Álvarez de Toledo, no estamos peor que cuando ETA mataba. Usted, que tanto coraje parece tener, atrévase a decirle eso a la cara al matrimonio Barrera, mirándole a los ojos. Y si va usted a manifestarse, como si fueras de VOX, afíliese a VOX, y no imite a ese Miguel Iceta, que debería afiliarse a Ezquerra y lleva al PSOE al suicidio, con la complacida colaboración del presidente en funciones. Y no, las lágrimas no nos van a impedir ver la luz de las estrellas, porque se haya ido el sol, pero tampoco dejaremos de ver el deterioro moral, el desvarío y el ultraje al que nos quieren someter un puñado de canallas.

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