"Parece que 'La Bella y la Bestia' se basa en un español que se va a vivir a Francia y fue muy conocido porque tenía el cuerpo y la cara llenas de pelo"

Desde un noble español del siglo XVI cubierto de pelo hasta una saga familiar con la piel de color azul, la historiadora Ana Velasco desvela en COPE los casos más sorprendentes de "familias extraordinarias"

COPE

La historiadora Ana Velasco

Patricia Blázquez Serna

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Como dijo Tolstói, todas las familias felices se parecen, pero la historia está llena de familias extraordinarias que desafían toda comparación. La historiadora y experta en arte Ana Velasco, en 'Herrera en COPE' con Carlos Herrera, ha desgranado algunos de los casos más sorprendentes, comenzando por el cuento infantil de 'La Bella y la Bestia', que, según Velasco, se basa en una familia real.

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El 'hombre lobo' canario que enamoró a la corte

La increíble historia comienza en Canarias con un hombre llamado Pedro González, aunque sería conocido en toda Europa como Petrus Gonsalvus. Nacido en Tenerife en 1537, padecía hipertricosis, una enfermedad que le cubría todo el cuerpo y la cara de pelo, lo que le valió el apodo de 'hombre lobo'. A pesar de su apariencia, su destino cambió al llegar a la corte del rey Enrique II de Francia, quien, en lugar de tratarlo como un monstruo, le proporcionó la educación de un caballero para demostrar que la inteligencia no estaba reñida con el aspecto físico.

Petrus Gonsalvus se convirtió en un refinado cortesano y se casó con una mujer bellísima, una dama de la corte francesa. Tuvieron varios hijos, algunos de los cuales heredaron la enfermedad. Tal como explica Velasco: "De hecho, este es uno de los casos más antiguos documentados en Europa". Tras la muerte del rey, la familia se trasladó a Italia bajo la protección de otro mecenas, dejando una historia que parece haber sido la inspiración directa para el famoso cuento popular.

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Retrato de la época del español Pedro González

Del verde al azul: el color de la piel

Otro caso envuelto en misterio es el de los 'niños verdes de Woolpit', una leyenda inglesa del siglo XII. Según los cronistas de la época, dos niños con la piel completamente verde aparecieron de la nada, hablando un idioma desconocido. La teoría más plausible, según la historiadora, es que fueran hijos de inmigrantes flamencos que, tras quedar huérfanos, sufrieron clorosis, un tipo de anemia por desnutrición que da a la piel un tono verdoso. La niña superviviente recuperó su color normal al cambiar su dieta.

Mucho más reciente y documentado es el caso de la 'familia Fugate' en Estados Unidos. En los años 60 se investigó a esta familia de Kentucky cuyos miembros nacían con la piel de color azul. El origen se remonta a Martin Fugate, quien portaba un gen recesivo que, debido a la endogamia en una comunidad aislada, se manifestó en sus descendientes. La condición, conocida como metahemoglobinemia, impide que los glóbulos rojos procesen bien el oxígeno, dando lugar a la piel azulada.

¿El talento se hereda?

En el ámbito del arte, también ha habido familias excepcionales. La historiadora Ana Velasco plantea si el talento es hereditario, y los ejemplos son numerosos. La familia Mozart es paradigmática: el padre, Leopold, era un músico reconocido que impulsó la carrera de su hijo Wolfgang Amadeus Mozart, un prodigio musical desde los tres años. Su hermana Mariana también fue una pianista de renombre, aunque limitada por las convenciones de la época. Lo mismo ocurre con la familia Bach, una dinastía donde el talento musical pasó de generación en generación.

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Retrato de Mozart en el piano, en 1927

En España, el caso de María Malibrán en el siglo XIX es icónico. "María Malibrán fue una de las mujeres más famosas del mundo", afirma Velasco. Hija y hermana de cantantes y compositores de ópera, su familia dominó los escenarios internacionales. En la pintura, también existían estas sagas, como la de los Madrazo o la costumbre de que los maestros casaran a sus hijas con sus mejores aprendices. Velázquez, por ejemplo, se casó con la hija de su maestro, Francisco Pacheco, y a su vez, casó a su propia hija con su discípulo más aventajado, Martínez del Mazo, cuyo estilo era tan similar al del maestro que hoy día aún se confunden sus obras.

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