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¿Se te hace cuesta arriba la vuelta al ‘cole’? No te preocupes, a los romanos también les pasaba

Paco Álvarez, historiador y escritor, cuenta en Fin de Semana con Cristina cómo era para nuestros antepasados el regreso a las aulas, y tampoco era fácil para ellos

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Cristina López Schlichting
@crisschlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:41

Hoy Paco Álvarez, autor de ‘Estamos locos estos romanos’, cuenta en Fin de Semana con Cristina la vuelta al cole a la romana, porque también septiembre se hacía cuesta arriba entonces: “Desde siempre ha sido complicada y eso que los niños romanos no llevaban libros, sino sólo una Tablet, como ahora se hace en algunas escuelas. Además el cole era al aire libre en alguna esquina o plaza, sin patio ni polideportivo ni tantas instalaciones”.

Un momento, ¿tablet?, ¿los niños romanos llevaban ya tablets al cole?:La Tablet romana, que ellos llamaban tabula, era un díptico de madera en cuyo interior había unas láminas de cera donde se escribía o dibujaba con un stylus – de donde estilográfica- y además se podía borrar. No tenía pantalla de cristal líquido, pero era táctil y la batería duraba para siempre a diferencia de las nuestras. Allí escribían y hacían sus deberes los romanos y las romanas. Y no es lenguaje inclusivo, es que quería resaltar que la educación era mixta hasta los doce años”.

¿Y hacían exámenes también? Paco lo resuelve: “La educación romana era un sistema que de manera similar al nuestro organizaba las escuelas por niveles. La educación básica o primaria era impartida por un maestro llamado casualmente magister y que se sentaba en una silla con apoyabrazos, que se llamaba cathedra. La progresión del alumno dependía más de la habilidad de cada estudiante que de su edad. La escuela era rígida y poco dada al desarrollo del ingenium (inteligencia) del alumno, sino más dedicada a transmitir de memoria los conocimientos básicos, como me temo sigue ocurriendo todavía, pero no hacían exámenes sino que sino que los deberes y ejercicios se corregían en clase, delante de los compañeros, para que sirvieran de ejemplo los fallos que pudieran haberse cometido”.

Después de los 12 años seguían estudiando “pero ya no lo hacían en las escuelas de la calle sino que, por un lado las mujeres y los hombres que se lo podían permitir, tenían un grammaticus, un gramático que les perfeccionaba en lectura y cultura y los chicos posteriormente un retor, que les enseñaba retórica para poder desarrollar su vida de abogado o en política, además de aprender a combatir antes de entrar en las legiones”.

Ah, y los profesores no eran unos cualquiera: “Resulta que el profesor más famoso de la Historia romana es el hispano Quintiliano, nacido en Calahorra, la Rioja, allá por el año 35 y de quien, como es español, en España no sabemos nada. Quintiliano es el profesor romano por excelencia. Entre sus alumnos encontramos figuras tan importantes como Juvenal o el escritor y científico Plinio el Joven, pero influyó también a lo largo de los siglos en San Agustín, San Jerónimo, Petraca, Lutero, Thomas de Quincey, el filósofo Jacques Derrida”, finaliza el experto historiador.


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