Cuando los hijos de las tinieblas se meten en política

Manuel Cruz

Manuel Cruz

Periodista

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 20:58

Digámoslo sin rodeos. Con su obsesión por seguir durmiendo en La Moncloa, Pedro Sánchez ha desplegado una inteligente estrategia política que hace recordar el Evangelio de San Lucas sobre el administrador injusto: los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz.

El “Aquarius”, el proyecto de presupuestos, la subida del salario mínimo, la forma de “dialogar” con los separatistas catalanes, la seducción que ha ejercido sobre Pablo Iglesias (al revés también sería correcto, pues ambos compiten en astucia) y, ahora, la “condena” a los bancos de pagar los impuestos hipotecarios, no son más que triquiñuelas de administrador trapisondista, destinadas a ganar votos. Y lo está haciendo de una manera tan inteligente como artera, sin rubor alguno, con una altanería y un descaro que ni siquiera le impidió considerarse por unos segundos de ridículo un “par” del Jefe del Estado el Día de la Hispanidad.

Es la misma astucia desplegada para decretar la inhumación del cadáver de Franco, sin pensar antes dónde lo iba a enterrar de nuevo: para reformar la Ley de Enseñanza y para introducir la eutanasia en el “corpus” jurídico como un derecho más, al igual que el aborto de Zapatero. Todo ello con su minoría de 84 escaños en el Congreso. Y si consigue completar la legislatura, como es su propósito, veremos que es capaz hasta de reformar la Constitución para transformar España en su soñado Estado Federal y abrir así el camino para proclamar la III República. Si a esto añadimos lo que se ha dado en llamar la “cocina” de las encuestas del CIS, nada tiene de sorprendente que Sánchez toque ya el olimpo de una mayoría que le permitiría soñar más en las almohadas monclovitas.

¿Y qué hace la oposición? Vociferar, condenar, rechazar, ahogarse en sus gritos, sin dar explicaciones convincentes. No digo que Casado o Rivera sean unos “hijos de la luz”, sobrepasados por las tinieblas del dúo Sanchez-Iglesias. Pero si debieran dedicarse más a reflexionar que a gritar y recurrir también a la astucia para vender su aparente mensaje de sensatez a la sociedad. Parece que no se han enterado de que ya no se puede hablar a esta sociedad disoluta de austeridad; ni de responsabilidad ante un futuro incierto e, incluso, tenebroso, con más pensionistas que nacimientos y con una deuda pública que no podrán pagar las generaciones que nos sigan. La sangre, el sudor y las lágrimas churchilianas son de otra época, pero siguen siendo necesarias en la nuestra y lo serán también en las futuras. Nunca alcanzaremos la felicidad que prometen los Sánchez de hoy y de mañana.

La única posibilidad de que todo el tinglado demagógico montado por el dúo frente- populista que no gobierna es que Sánchez dé un traspiés definitivo en su megalomanía y que lo mismo que ha desautorizado al Tribunal Supremo caiga en la tentación de creerse de verdad que el Estado es él.

De manera que un poco de astucia –sin olvidar la honestidad- no le vendría a la oposición: menos voces y más cacumen… .

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