La "discoteca silenciosa" que salvó a un bar de Hernani del cierre

Aitzol Torrecillas, propietario del bar La Bodega, nos cuenta en Cope Euskadi el éxito del local tras cambiar los altavoces por auriculares inalámbricos para cumplir con la normativa en 2023

Usua Bilbao

San Sebastián - Publicado el

3 min lectura

En la puerta del bar La Bodega de Hernani, ubicado en Andre Kalea 14, se produce una escena poco común. En su interior, hay gente bailando, luces y ambiente de fiesta, pero desde fuera apenas se oye nada. El local se ha convertido en una "discoteca silenciosa" a partir de las diez de la noche, momento en el que la música deja de sonar por los altavoces y pasa directamente a los oídos de los clientes a través de auriculares inalámbricos.

De la necesidad, virtud

El propietario del local, Aitzol Torrecillas, ha explicado que la idea surgió a raíz de un problema con la normativa de sonido. El ayuntamiento le exigió en febrero de 2023 instalar un limitador y, mientras no lo tuviera, debía “cortar la música a las 10 de la noche”. Esta restricción, que llegó hace dos años en plenos carnavales, amenazaba la viabilidad de su negocio. Fue entonces cuando, buscando en internet, encontró una solución en el modelo de las 'silent disco'.

La reacción fue inmediata. Torrecillas encontró una empresa de alquiler de auriculares un viernes de madrugada y “el sábado ya lo tenía montado”. A pesar de la improvisación y el riesgo, el éxito fue rotundo desde el primer momento. “Me sorprendió muchísimo, porque el primer día ya fue un bombazo. A la gente le encantó el sistema y había colas y colas”, recuerda.

De algo que vi peligrar el negocio, nos ha venido arriba, muy arriba

Aitzol Torrecillas, propietario del bar La Bodega de Hernani

Una experiencia para todos

El sistema cuenta con unos 200 auriculares y tres canales de música distintos que se identifican por colores. “En uno solemos poner rock alternativo, rock vasco, en otro ponemos techno y en otro reguetón”, detalla Torrecillas. Esto permite que cada cliente elija qué escuchar y que en la misma pista de baile convivan personas bailando a ritmos completamente diferentes.

La experiencia resulta curiosa tanto para los participantes como para quien observa desde fuera. Según el propietario, se producen momentos llamativos cuando “de repente todos se cambian al verde cuando hay un temazo”. También se da la particular situación de escuchar a la gente cantar, cada uno una canción distinta, lo que provoca que se oiga “algún que otro gallo”.

La gente se sorprende mucho y dicen, no entro con cascos. Una vez que los prueban y están dentro, ya no quieren salir

Aitzol, propietario del bar La Bodega

Pese a la extrañeza inicial de algunos clientes, la acogida ha sido excelente. “La gente se sorprende mucho y dicen, 'guau, no entro con cascos'. Una vez que los prueban y están dentro, ya no quieren salir”, asegura el dueño, que también confirma la mejora en la convivencia con los vecinos, ya que el ruido exterior se reduce notablemente.

Un revulsivo inesperado

Aunque Aitzol Torrecillas ya ha instalado el limitador y podría emitir música por los altavoces hasta las cuatro de la madrugada, ha decidido mantener el sistema de auriculares. La iniciativa se ha convertido en un gran reclamo que “le da una identidad al bar que no esperaba”. El local ha ganado fama y ahora “viene gente de Barcelona, viene gente de todos lados, y todos preguntan por la bodega, los cascos, los cascos”, subraya.

Lo que comenzó como una medida desesperada para salvar el negocio se ha transformado en su mayor fortaleza. “De algo que me tumbó y que vi peligrar el negocio, pues, nos ha venido arriba, muy arriba”, confiesa Torrecillas. El éxito ha sido tal que otros hosteleros con problemas de ruido le han contactado y él les ha ayudado a implantar soluciones similares.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.