Curiosidades científicas sobre el frío

¿Sabías que estamos más cerca del sol en invierno?

Entrevista a la científica Miren Millet durante días gélidos en Euskadi

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Tiempo de lectura: 4'Actualizado 13:09

Siempre hemos escuchado que el frío, cuando es moderado, puede resultar incluso saludable, pero otra cosa es soportar las temperaturas bajo cero. Descubre sus pros y contras en la entrevista de COPE Euskadi que aquí te dejamos con Miren Millet, directora del Planetario del Museo Eureka de la Ciencia en San Sebastián.

Miren Millet nos explica que estamos en el invierno boreal en el hemisferio norte pero, contrariamente a lo que podríamos pensar, ahora estamos más cerca del sol que en verano. La explicación de que estamos más frios y del resto de cambio de estaciones se encuentra en la inclinación del eje de la tierra. Ahí está la clave. Durante el invierno el eje está orientado hacia el lado contrario al sol. "Si no hubiese inclinación del eje no habría estaciones", asegura la científica. 

Nos ha citado cuál es el lugar poblado donde se ha registrado la menor temperatura. 
Oymyakon es una ciudad de la Siberia rusa ubicada a 7.000 kilómetros de Moscú, en la república de Yakutsk. En ella viven 2.300 personas que resisten los fríos más extremos. Durante los largos nueve meses que dura el invierno, es muy frecuente que el tiempo se mantenga alrededor de los 60 grados bajo cero, por lo que muchos lo consideran el pueblo más frío del planeta, pues se registró un récord histórico de -72ºC.
La temperatura más baja que se ha registrado en el planeta es de -92ºC en la Antártida.

Atención a esta curiosidad:parece que el frío despierta nuestra creatividad. Un grupo de investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, demostró que estar expuestos a un frío medio afecta negativamente al desempeño de tareas cognitivas sencillas, pero, eso sí, nos vuelve más hábiles a la hora de afrontar retos intelectuales más complejos.
En cambio, experimentos de la Universidad Estatal de Kent, en EE. UU., estimaron que si la temperatura externa es de 10°C, la memoria de trabajo, la velocidad de respuesta y la función ejecutiva de la materia gris, que nos permite planificar y anticiparnos, se ven mermadas. Además comprobaron que esos efectos negativos persisten hasta una hora después de resguardarnos en un lugar caliente.

Le hemos consultado a Miren acerca de los resfriados. Está claro que el frío por sí mismo no tiene la enfermedad sino que son los virus los que nos traen los catarros. Entonces...¿Por qué nos  resfriamos más en invierno? Aunque parece una pregunta fácil, no obtuvo respuesta científica hasta hace pocos años, cuando Ellen F. Foxman y sus colegas de la Universidad de Yale, en EE. UU., demostraron que el rinovirus que ocasiona los constipados no es capaz de reproducirse a 37°C, la temperatura que suele presentar el interior del cuerpo, pero sí cuando el mercurio marca entre 33°C y 35°C. En esta franja térmica se sitúan las cavidades nasales cuando nos exponemos durante un tiempo largo al frío. Además la respuesta del sistema inmune resulta menos eficiente en un ambiente gélido, por lo que ese fresco glacial nos deja desarmados ante un ataque viral.

 Por último, veamos como curiosidad el origen del resfriado común: es una enfermedad infecciosa cuyo origen es un virus, concretamente los virus de tipo rinovirus y coronavirus. El rinovirus pertenece a la familia de los Picornaviridae, y son los agentes infecciosos más comunes en el ser humano, causando entre el 30 y 50% de los resfriados. Los coronavirus pertenecen a la familia de los Coronaviridae. Tienen ese nombre porque cuando se miran al microscopio parece que están envueltos en una corona. No hay ningún fármaco que consiga eliminar los efectos del resfriado, tan solo mitigarlos. Los estornudos, secreciones nasales, dolor de cabeza, picor, congestión nasal. Nos duran entre 3 y 10 días.

¿Qué tiene que ver el frío con el resfriado? Pues nada que ver de forma directa. Se han hecho estudios para intentar relacionar la actividad de virus con las bajas temperaturas y no hay ninguna relación directa. Es decir, si sales desnudo a la calle un día de muchísimo frío, si no hay agentes infecciosos (virus), nunca tendrás un resfriado, pero seguramente sí que harás una visita al hospital por hipotermia. Es decir, sin virus no hay resfriado. Se sabe que en zonas muy gélidas, como el Ártico, no hay resfriados y, sin embargo, sufren las temperaturas más frías del planeta.

Eso sí, en invierno la gente se resfría con mucha más frecuencia que en verano. Es por lo siguiente: el efecto apelotonamiento. En verano, si alguien se resfría no suele transmitirle el virus a la gente. ¿Por qué? Porque pasa más tiempo en la calle, al aire libre, con las ventanas abiertas. Sin embargo, el virus sigue actuando con la misma virulencia que lo haría en invierno. En invierno una persona resfriada o con los primeros síntomas llega a una casa, a un bar, a la universidad, al trabajo, y está todo cerrado, la calefacción puesta y el aire cargado. Es el momento perfecto para contagiar a la gente. Como no hay ninguna ventilación natural ni corrientes de aire, el virus anda a sus anchas.

Además, un estudio realizado por la universidad de Cardiff, en Gran Bretaña, llegó a la conclusión de que la exposición al frío ayuda a que el virus se inocule con mayor facilidad. Se hizo un experimento con 180 voluntarios. 90 introdujeron sus pies en agua fría (10ºC) y otros no. El resultado fue que el 29% de las personas que introdujeron sus pies en el agua fría, dijeron que tenían síntomas de resfriado, frente al 9% de los que no lo hicieron. Explicación que dieron: “al estar expuesto a bajas temperaturas, tu organismo tiende a retirar sangre de las zonas prescindibles, como la nariz. De ahí que, cuando hace frío, lo primero que se enfría son las manos, la nariz… Si dos personas tienen un rinovirus en su nariz, la probabilidad de que el virus prospere y se extienda es mayor en la persona expuesta al frío que en la que no lo está por esa misma razón. El menor flujo sanguíneo a la nariz supone una menor presencia de leucocitos y una mayor facilidad de expansión del virus.

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