Los últimos navarros en entrar el seminario de Pamplona con la llamada más especial de sus vidas
Carlos Repáraz San Julián, de 25 años y recién licenciado en Medicina, y Álvaro García Durán de 19, explican su decisión de iniciar el camino al sacerdocio en Pamplona

Pamplona - Publicado el
3 min lectura8:31 min escucha
Carlos Reparaz San Julián (25 años) y Álvaro García Durán (19 años) son los dos últimos jóvenes navarros que han ingresado en el seminario de Pamplona. Con perfiles muy diferentes, un recién licenciado en Medicina y un estudiante que acaba de terminar el colegio, ambos comparten una misma inquietud vocacional para discernir su llamado al sacerdocio e iniciar una nueva etapa de formación y crecimiento espiritual.
Una llamada, no una elección
Ambos coinciden en que su decisión no es una elección profesional, sino una llamada de Dios. "La iniciativa es del señor y somos nosotros los que acogemos o no esa llamada", explica Carlos, quien reconoce que su proceso fue más largo. En el colegio ya sentía la inquietud, pero "la rechazaba porque tenía un poco de miedo", confiesa. Para Álvaro, en cambio, el camino se dibujó antes.
La iniciativa es del señor y somos nosotros los que acogemos o no esa llamada"
La vocación de Carlos, que viene de una familia de médicos, maduró durante sus seis años de carrera. A pesar de que le gustaba la profesión familiar, decidió iniciar un proceso de discernimiento con un sacerdote amigo que lo acompañó hasta su ingreso en el seminario. Álvaro, por su parte, sintió la llamada a los 13 años, durante el confinamiento. "Me acerqué un poco más al evangelio", relata. Desde su primer contacto con la fe, tuvo claro que su horizonte era "entregarme a él".
El día a día en el seminario
Su rutina ha cambiado por completo. Carlos y Álvaro pertenecen a la primera promoción que ha realizado un curso propedéutico en Alcalá de Henares antes de comenzar sus estudios en Pamplona. Tras un año de discernimiento y vida en comunidad, ahora han empezado primero de filosofía. Su jornada comienza a las siete y cuarto con oración, seguida de clases, estudio y finaliza con la eucaristía.
El curso propedéutico constituye una etapa introductoria y esencial en la formación sacerdotal. No se trata aún de un período de estudios filosóficos o teológicos sistemáticos, sino de un tiempo dedicado a la verificación de la llamada, la profundización personal, la formación humana y espiritual, así como al discernimiento sobre la idoneidad del candidato para el ministerio sacerdotal.
Asimismo, este tiempo favorece el crecimiento humano, trabajando aspectos como la madurez afectiva, el autoconocimiento y la amistad fraterna. En esta etapa se subraya que quien aspira al sacerdocio no asume simplemente un oficio, sino que acoge un don y una responsabilidad.
Lejos de abandonar sus aficiones, el seminario les da espacio para cultivarlas. "No se trata de entrar aquí y perder lo que tú venías siendo, sino todo lo contrario, potenciarlo y hacerlo más auténtico", afirma Carlos. Él sigue disfrutando de la pesca y el fútbol, mientras que Álvaro encuentra tiempo para la música, la lectura y el monte. Los fines de semana también hay hueco para salir con amigos.
No se trata de entrar aquí y perder lo que tú venías siendo, sino todo lo contrario, potenciarlo y hacerlo más auténtico"
Apoyo familiar y la vista en el futuro
Ambos han contado con el apoyo total de sus familias, que les han transmitido la fe cristiana.
Cuando se le pregunta por el futuro, Álvaro lo tiene claro y espera, "si Dios quiere", estar ordenado en diez años. Se imagina en una parroquia, trabajando con otros sacerdotes, "apoyar a los fieles, crear espacios, dar mucho impulso a las catequesis, estar mucho para jóvenes". En definitiva, se ve "muy activo" y "haciendo relaciones fuertes con mis futuros hermanos sacerdotes".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



