"El último año se matricularon 72 alumnos nuevos, una cifra que evidencia el tirón, sobre todo entre los jóvenes"
La jota riojana late con fuerza; "es un orgullo enseñar nuestra cultura y nuestro patrimonio", señala Blanca Fernández, profesora de la escuela de jotas de La Rioja. Las cuatro escuelas de la comunidad suman 130 alumnos y un creciente interés joven que garantiza el futuro de este Bien de Interés Cultural
Logroño - Publicado el
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La jota en La Rioja, protegida como Bien de Interés Cultural Inmaterial, no es solo memoria, sino un presente vibrante. Su vitalidad se refleja en las cuatro escuelas oficiales de Alfaro, Calahorra, Logroño y Rincón de Soto, que juntas forman a unos 130 joteros y joteras. Este renovado interés asegura que la tradición se mantenga fuerte para las nuevas generaciones.
Una nueva generación toma el relevo
La Escuela de Jotas del Gobierno de La Rioja, con sede en Logroño, se ha convertido en la gran referencia. El último año se matricularon 72 alumnos nuevos, una cifra que evidencia el tirón de la jota, sobre todo entre los jóvenes. Una de las protagonistas de este resurgir es Blanca Fernández, profesora de la escuela con solo 22 años. "Yo como persona joven, animo a todas esas personas jóvenes de mi edad, un poco más pequeños, un poco más mayores, a que vengan a conocerla", afirma.
Para Fernández, su labor va más allá de la enseñanza. Según sus palabras, "enseñar la jota es el enseñar nuestra cultura, nuestro patrimonio, nuestro folklore, y el darla a conocer". Un trabajo que asume como un "orgullo", tanto dentro como fuera de La Rioja, cuando representa a la comunidad en certámenes de Navarra o Aragón.
Enseñar la jota es el enseñar nuestra cultura, nuestro patrimonio, nuestro folklore, y el darla a conocer"
Profesora de la Escuela de jotas de La Rioja
El alma y la emoción de la jota
La jota no solo transmite cultura y patrimonio, sino también "recuerdo de nuestros antepasados", explica la joven profesora. La emoción juega un papel fundamental, especialmente con piezas que evocan la memoria personal, "a mí me pasa con jotas que me recuerdan a mis antepasados, a mis abuelos, a personas a las que quiero, pues que te transmiten mucha emoción".
Jota riojana
Esta conexión define lo que para Fernández es el alma de la jota, "un alma viva, un alma sonriente, cariñosa, amor por la cultura y el folclore de nuestra comunidad". Este fin de semana, además, las cuatro escuelas riojanas participarán en un festival en Haro, donde mostrarán la riqueza de la jota con actuaciones solistas, en dúo y grupales.
El futuro de la jota también pasa por las aulas. Blanca Fernández, futura profesora de Educación Primaria, ya lleva el folclore a los colegios a través de un taller en el Centro Riojano de Inovación Educativa (CRIE), una iniciativa que ha animado a muchos niños a apuntarse a la escuela. Su mensaje a las nuevas generaciones es una invitación directa a perder el miedo, "que no les dé vergüenza el no saber cantar jotas, porque es cierto que este año ha venido gente que no sabía cantar jotas, y ahí la tenemos, aprendiendo y disfrutando de la jota".
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