El Hospital de Lugo estrena una técnica para operar aneurismas cerebrales con la máxima seguridad

El nuevo sistema, llamado Flow 800, permite a los neurocirujanos visualizar el flujo en los vasos sanguíneos en tiempo real para evitar daños irreversibles en la intervención

José Luis Ramudo

Lugo - Publicado el - Actualizado

2 min lectura

Los neurocirujanos José María Santín y Rubén Barradas han realizado la primera intervención de un aneurisma cerebral en el Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) con un microscopio quirúrgico de última generación, una nueva herramienta llamada Flow 800, que ofrece una mayor precisión y seguridad en un procedimiento de alto riesgo. 

Permite que los cirujanos, mediante el uso de un contraste, puedan comprobar durante la operación que el vaso afectado queda totalmente cerrado y no se tocan en la intervención los que están sanos, de modo que se busca prevenir un "infarto cerebral", con consecuencias siempre graves para los pacientes.

Ramudo

Entrada principal del HULA

Una angiografía dentro del quirófano

Esta nueva tecnología incorpora un software que, combinado con un medio de contraste llamado verde de indocianina que se introduce en el paciente, mide la fluorescencia emitida. El microscopio es capaz de detectar esta señal, lo que en la práctica funciona como una angiografía intraoperatoria, permitiendo a los cirujanos ver en tiempo real cómo se rellenan los vasos cerebrales.

El principal objetivo es doble: por un lado, confirmar que el aneurisma queda completamente cerrado y no recibe más sangre, y por otro, asegurar que las pinzas microscópicas utilizadas no obstruyen ningún vaso sano de forma accidental. "Esto podría provocar un infarto cerebral, y esto sí sería grave porque es irreversible", explica el doctor Santín, quien destaca la "seguridad" que aporta la herramienta.

Son cirugías muy precisas y de cierto riesgo, donde cualquier complicación puede ser muy grave"

José María Santín

Neurocirujano en el HULA

Cirugías de máximo riesgo

El doctor Santín califica estas intervenciones como "cirugías muy precisas y de cierto riesgo", en las cuales cualquier complicación "puede ser muy grave". A pesar de la presión, asegura que es algo con lo que los neurocirujanos están acostumbrados a lidiar. "Es un trabajo de precisión, como también puede ser el de un carpintero, aunque evidentemente la responsabilidad es diferente, porque trabajamos con personas", comenta.

Actualmente, el equipo realiza sobre todo intervenciones de aneurismas incidentales, que se descubren por casualidad durante estudios por otras dolencias. Estos se diferencian de los aneurismas agudos (rotos), cuya mortalidad es de casi el 50% y suelen dejar secuelas importantes. La incidencia de esta patología, advierte Santín, está aumentando debido a hábitos de vida y circunstancias como la hipertensión.

Un estándar para el futuro

A partir de ahora, todas las intervenciones de este tipo se realizarán con el Flow 800. El doctor Santín considera que sería "imprudente no utilizar" una herramienta que aumenta tanto la seguridad, ya que la duda sobre si se ha pinzado un vaso sano "siempre existe". Con esta tecnología, el riesgo de complicaciones graves, como un infarto cerebral, se minimiza de forma exponencial.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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