Los vigilantes de la sanidad gallega estallan: "Aquí se sacan navajas a pelo y no tenemos ni chalecos"
El personal de seguridad de los hospitales denuncia un aumento de la violencia y reclama más personal, medios de protección y amparo jurídico para poder hacer su trabajo

Rafael Afonso, vigilante de seguridad en el Marcide y delegado de UGT
Ferrol - Publicado el - Actualizado
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Vigilantes y sanitarios se han concentrado en Ferrol y otras ciudades de Galicia para denunciar el aumento de agresiones físicas y verbales que sufren en su trabajo. La protesta llega tras la brutal agresión a un vigilante en un centro de salud de A Coruña, que perdió parte de una oreja. Los sindicatos, como UGT, lo consideran un problema estructural y exigen sentar a la Consellería de Sanidade para crear un protocolo unificado en el Sergas. Rafael Afonso, vigilante de seguridad en el Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol y delegado de UGT, expone la crítica situación del colectivo.
Amenazas con arma blanca y violencia diaria
La tensión en los centros sanitarios es constante. Según relata Rafael, las agresiones van desde insultos y amenazas hasta violencia física grave. El personal de seguridad se enfrenta a situaciones límite sin los medios adecuados. "Aquí se sacan navajas, cuchillos, destornilladores y cúteres a pelo, es decir, aquí no tenemos ni chalecos ni tenemos guantes", lamenta Alfonso.
Aquí se sacan navajas, se sacan cuchillos, se sacan destornilladores, sacan cutter, y y se sacan a pelo"
Vigilante de seguridad en el Marcide
Contrario a lo que se podía esperar tras la pandemia, la situación ha empeorado. "Todos pensamos que con el rollo de la pandemia íbamos a mejorar, y, sin embargo, yo creo que la cosa ha ido a peor", afirma el delegado de UGT. Afonso describe un cambio en el comportamiento social: "La gente ahora cada vez exige más y no tiene deberes, no tiene obligaciones. Lo mío, lo mío, y el resto da igual".
Falta de personal y medios obsoletos
La falta de personal es otro de los grandes problemas. El Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, por ejemplo, no ha aumentado su plantilla de vigilantes en 20 años, a pesar de que el centro ha crecido en tamaño. "Seguimos siendo los mismos vigilantes que hace 20 años", denuncia Afonso, quien apunta a que la plantilla es de solo 12 personas. Además, faltan medios técnicos como cámaras de seguridad en la parte antigua del hospital.
Desprotegidos ante la ley
A la escasez de medios se suma el desamparo jurídico. Los vigilantes no tienen carácter de agente de autoridad, a diferencia del personal sanitario al que protegen. Esta desprotección se agrava por la falta de apoyo de las empresas de seguridad. "Nosotros, cuando tenemos que denunciar, vamos sin nada a juicio", explica Alfonso, criticando que la empresa se limita a un asesoramiento telefónico y no proporciona un abogado. "O te lo pagas tú o no tenemos", añade.
Esta situación provoca que muchas agresiones no se denuncien. "Las que se saben son la mitad de la mitad de la mitad", asegura el vigilante. El miedo a no recibir el pago de las horas de juicio y la falta de respaldo legal disuaden al personal. Rafael concluye con una advertencia clara sobre las consecuencias: si los vigilantes no están seguros, la protección que pueden ofrecer al personal sanitario y a los usuarios del sistema también se ve comprometida, ya que no pueden "dar el servicio que quisiéramos dar".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



