Andrés, el extremeño que susurra a los caballos

Andrés es capaz de domesticar a un caballo de más de 500 kilos en cuestión de horas, usando

únicamente la voz, gestos y caricias

Andrés, el extremeño que susurra a los caballos

JaviMoreno

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 11:56

No nació en Santa Mónica, ni su apellido es Redford, pero sin embargo el extremeño Andrés Romero comparte el mismo misterioso don que el protagonista de la novela de Nicholas Evans; es «susurrador de caballos».

El saber popular a menudo ha llegado a considerar a las personas dotadas con esta habilidad como brujos o encantadores que se valían de enigmáticas “palabras clave” que, susurradas al oído del animal, les confería el poder absoluto sobre ellos. 

Andrés ha logrado convertir su afición en su modo de vida. Sus días transcurren en medio del campo, abrazado por la naturaleza, al amparo de las añosas encinas que engalanan la soberbia dehesa del suroeste extremeño. Allí, rodeado de caballos, ponys e incluso una mula enana con nombre propio: Camila, considerada la más pequeña de España gracias a su “excepcional” medio metro de altura, me habla de su maestro en esta técnica de desbrave, el argentino Fernando Noailles, y de un arte tan longevo como aquellos que lo pusieron en práctica por vez primera, los indios nativos americanos.

La doma racional se basa, fundamentalmente, en conseguir que los caballos hagan aquello que se les pide por su propia voluntad. “Hablar” su idioma en lugar de someterlos, y establecer así un vínculo hombre-caballo. Un método que se practica desde hace siglos en Sudamérica, y que ha llegado incluso a nuestros días en lugares como Asia, donde se emplean estos mismos principios para domesticar elefantes.

Resulta asombroso presenciar el vínculo que establece con el animal a través de un idioma que los equinos parecen comprender, rompiendo todas las reglas de seguridad que hasta ahora el hombre tenía establecidas a la hora de trabajar con animales indómitos. Andrés es capaz de domesticar a un caballo de más de 500 kilos en cuestión de horas, usando únicamente la voz, gestos y caricias. Un talento innato, mezcla de ciencia y arte, en el que importa a partes iguales lo que se dice, lo que no se dice, y el modo en que se dice.

Lo más