CRÓNICA
Tocado y casi hundido
El Valencia cae (2-0) ante el Villarreal en La Cerámica y se aleja a ocho puntos del objetivo Champions. Gayá se marcha lesionado del partido.

La imagen de la desolación tras la derrota en el derbi
Madrid - Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Decía Santi Cañizares en el Tiempo de Juego de COPE, “puedes jugar mal, pero lo que no puedes es no jugar, aunque sea mal” Es el resumen de la incomparecencia del Valencia CF en la primera parte de La Cerámica. Los de Celades fueron el reflejo de lo que se ha evidenciado durante toda la semana en el vestuario. Un equipo fracturado, indolente, insolidario. Cada uno a la suya. Arreones de Ferran y poco más en los primeros veinte minutos. Luego el gol de Paco Alcácer, que no celebró y que estuvo muy cerca en enero de meterlos con la camiseta blanca, acababa por escribir un guion, seguramente hasta esperado. El gol del delantero de Torrent volvió a mostrar todas las costuras de un equipo absolutamente deshilachado en defensa. Fallo posicional de los defensores, fuera de marca, sin quitarle mérito al centro de Cazorla y el remate de 9 de Alcácer, los defensores valencianistas fueron meros espectadores en la jugada.

Paulista no ha vuelto bien tras el parón
Lejos de reaccionar, el Valencia siguió achicando agua bajo palos. Sacó dos balones hasta que Cazorla sacó la varita mágica para convertir un despeje de Asenjo en una obra de arte en modo asistencia que sentenció con una volea espectacular Gerard Moreno. Otra vez, la defensa ché asistía desde la primera fila al espectáculo. Les faltó aplaudir. La jugada lo merecía si no fuera porque al Valencia se le estaba marchando un tren a Europa y seguramente se iba a acercando una tormenta que amenaza con arrasar el club la próxima semana.
La guinda a tanto despropósito es la lesión de Gayá. El lateral de Pedreguer estaba con el gancho desde hacía semanas. Dosificando entrenamientos y rezando antes de saltar al césped en cada partido, conocedor, de que estaba al filo de lo ocurrido. La ausencia del mejor hombre tras el parón hace todavía más complicado el final de liga.

Maxi titular tras su enfrentamiento con Celades
Para no desentonar con la primera parte, la reacción de Celades tras el descanso fue dejar a Ferran en el vestuario y sacar a Guedes. No es que el de Foios se hubiese salido en la primera mitad (no lo ha hecho desde que el fútbol volvió), pero seguramente no era el que más méritos había hecho para quedarse en el banquillo.
La segunda mitad fue más de lo mismo. Los de Celades repitieron estadísticas negativas de partidos recientes. Ni un tiro a puerta. La única ocasión fue un mano a mano de Gameiro tras un gran pase de Kangin, pero para no desentonar, la jugada estaba invalidada por fuera de juego del francés. El Villarreal levantó el pie y a pesar de ello pudo golear. Parejo se fue al banquillo como muestra de que, si hasta el capitán descansa, cualquier cosa puede pasar. Era como si Celades hubiera arrojado la toalla sobre la lona pidiendo clemencia y evitando una goleada.
La imagen de Rodrigo tras el pitido final, mascarilla incluida, en solitario, en una grada vacía, con la mirada perdida, enjuagando sus ojos, era el fiel reflejo de un vestuario abatido y sin rumbo aparente ante las seis jornadas que restan de campeonato. A uno de Europa, es cierto, pero de la Europa vieja, la de la Europa League, el premio menor. A ocho del objetivo Champions, un colchón casi insalvable, no sólo por el puntaje, más bien por las sensaciones de un equipo triste que pide a gritos el final de Liga.
Jaume Costa, tras el encuentro y en las cámaras de Movistar, se quedaba sin palabras ante lo ocurrido, “sobran las palabras, la gente necesita más hechos y menos palabras. Es el momento de dejar los nombres y ser hombres. No entiendo que cuando las cosas van mal, salga todo. Este es un vestuario de puta madre y unido. Pero lo que yo diga ahora le interesa poco a la afición, lo importante es dejar las palabras y hablar en el campo”.



