Revelan por qué el alzhéimer se ceba con las mujeres: claves de una enfermedad con perspectiva de género
Factores biológicos, la infrarrepresentación en ensayos clínicos y la pesada carga de los cuidados dibujan una realidad de desigualdad que exige un nuevo abordaje

Desigualdad en el alzehimer
Barcelona - Publicado el
4 min lectura8:16 min escucha
El alzhéimer tiene un marcado sesgo de género: afecta al doble de mujeres que de hombres, estas se encuentran infrarrepresentadas en los ensayos clínicos y, además, soportan la mayor parte de la carga de los cuidados. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el ACE Alzheimer Center Barcelona ha reclamado un abordaje de la enfermedad con perspectiva de género para lograr una investigación más justa y precisa. Para analizar esta situación, la doctora Maiteé Rosedne-Roca Rodríguez, neuróloga de la Unidad de Diagnóstico del centro, desgrana las claves de esta desigualdad.
Las causas de la brecha de género
La mayor prevalencia de la enfermedad en mujeres responde a una combinación de factores biológicos y psicosociales, muchos de los cuales siguen en estudio. Dentro de los biológicos, los cambios hormonales son la causa más evocada. “Las mujeres, antes de la menopausia, pues tenemos más protección estrogénica, y a partir de la menopausia, pues se pierde esta protección”, explica la doctora Maiteé Rosedne-Roca . Esta pérdida hormonal no solo acelera el depósito de la proteína amiloide, clave en el desarrollo del alzhéimer, sino que también reduce la protección vascular que aportan los estrógenos.

La brecha de género existe tanto en la prevalencia de la enfermedad, en los ensayos clínicos y en los cuidados
Además de los factores hormonales, la neuróloga señala que la base genética también juega un papel fundamental. A esto se suman causas inmunológicas, ya que ciertas patologías más frecuentes en mujeres pueden conllevar el uso de fármacos que, a la larga, influyen en el riesgo de desarrollar la enfermedad. Se trata de una interacción compleja de variables que sitúa a la mujer en una posición de mayor vulnerabilidad.
Invisibles en la investigación
Pese a tener el doble de riesgo de padecer la enfermedad, las mujeres están significativamente menos representadas en los ensayos clínicos. La doctora Rosedne-Roca, que ha estudiado esta problemática en su tesis doctoral, ha encontrado datos reveladores en la población española. “El 26 por 100 de las veces las mujeres tienen menos representación dentro de un ensayo clínico con respecto a los hombres”, afirma la experta. Esta exclusión dificulta la obtención de resultados precisos y aplicables a la población que más sufre la enfermedad.
Entre las variables que más penalizan a las mujeres para acceder a un ensayo, la doctora destaca la edad y el nivel educativo. Según explica, “en las mujeres el diagnóstico se hace más tardío, están más avanzadas, y también están penalizadas por el nivel educativo para poder entrar en un ensayo clínico”. Además, algunas enfermedades que actúan como criterios de exclusión, como las patologías inmunológicas o el uso de ciertos psicofármacos, son más comunes en la población femenina.
La doble carga: enfermas y cuidadoras
La desigualdad no termina en el diagnóstico, sino que se extiende al ámbito de los cuidados. Las cifras son contundentes: dos de cada tres personas cuidadoras son mujeres. En la población estudiada por el ACE Alzheimer Center, el dato es del 63 por 100 de cuidadoras mujeres, una cifra que, según otras revisiones, puede alcanzar hasta un 70 por 100. Ellas, ya sean parejas, hijas o nueras, asumen la responsabilidad principal, lo que afecta gravemente a su desarrollo personal, estabilidad económica y salud emocional.

Cuidadora con anciana en una residencia
Las mujeres cuidadoras cuidan con más frecuencia a pacientes que tienen más trastornos neurocognitivos"
El desgaste es aún mayor si se considera el perfil de los pacientes a los que cuidan. “Hemos visto que los pacientes que tienen más trastornos neurocognitivos, es decir, que son más disruptivos en los cuidados, pues habitualmente están predominantemente cuidados por mujeres”, subraya la doctora. Esta situación genera un “círculo vicioso” que limita el tiempo de la cuidadora para su propia actividad social e intelectual, repercutiendo en su salud física y mental.
En los últimos años se ha producido una “revolución” en el diagnóstico y tratamiento del alzhéimer, con herramientas que permiten una detección más precoz y la expectativa de nuevos fármacos específicos. Se sabe que el proceso patológico, con el depósito de proteínas en el cerebro, comienza hasta 15 o 20 años antes de los primeros síntomas. Generalmente, el diagnóstico llega unos dos o tres años después de que la persona manifieste un cambio cognitivo, que a menudo se confunde inicialmente con apatía o depresión.
Ante este panorama, la prevención se ha convertido en un pilar fundamental. La doctora insiste en la importancia de actuar lo antes posible, idealmente a partir de los 40 o 50 años. “Hay que aumentar la calidad de vida en general, tener un sueño adecuado, una dieta adecuada, hacer actividad física y, sobre todo, actividad cognitiva y social. Sin duda alguna, esto es vital para para la prevención”, concluye. Mantener el cerebro activo y las relaciones sociales son claves para retrasar la aparición de la enfermedad.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



