La Justicia obliga al Ayuntamiento de Barcelona a readmitir a un cocinero despedido por su nivel de catalán

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña anula el cese del trabajador al considerar la exigencia lingüística "desproporcionada" para un puesto sin atención al público

Fachada del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC)
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Manuel Escribano explica que no sabe si quiere volver al Ayuntamiento de Barcelona y deja claro que, con su lucha, solo buscaba justicia

Yolanda Canales

Barcelona - Publicado el

3 min lectura3:05 min escucha

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha dictado una sentencia que obliga al Ayuntamiento de Barcelona a readmitir de forma inmediata a Manuel, un cocinero municipal que fue despedido por no acreditar a tiempo el nivel B2 de catalán. La resolución judicial considera que la medida fue desproporcionada, dado que el trabajador ocupaba un puesto sin atención directa al público. El consistorio barcelonés dispone ahora de un plazo de cinco días para decidir si acata la sentencia y reincorpora al empleado en las mismas condiciones laborales que tenía antes de su cese.

Una carrera de 17 años truncada

La historia laboral de Manuel en el consistorio comenzó en 2007. Durante diecisiete años, trabajó como cocinero para el Ayuntamiento de Barcelona, consolidando su plaza como personal laboral fijo a través de un proceso de funcionarización interna. Su labor se desarrollaba íntegramente en las cocinas, preparando menús para diversos servicios municipales, por lo que su puesto no implicaba ningún tipo de interacción o atención directa a los ciudadanos. Esta situación ha sido un factor clave para la resolución final del tribunal.

El conflicto se originó en 2022, cuando el Ayuntamiento de Barcelona estableció como requisito para su personal la acreditación de un nivel mínimo B2 de catalán. Manuel no logró superar la prueba en la primera convocatoria de 2023, pero lejos de rendirse, continuó con su formación. "He tenido que estar cursando cuatro años, con una pandemia en medio, para sacarlo, porque no hay otra posibilidad. Tienes que cursar año tras año para ir subiendo desde el A1 hasta el B2", explica el trabajador. A pesar de su esfuerzo, la administración procedió con el despido en 2024.

El momento del cese ha sido descrito por Manuel como especialmente injusto, ya que se produjo justo cuando ya había conseguido el título requerido. “Yo firmé el despido cuando con el certificado en la mano”, ha relatado, evidenciando la falta de flexibilidad del proceso administrativo. "Saben ellos perfectamente el tiempo y el esfuerzo que he invertido", ha lamentado el cocinero, en declaraciones a COPE, que se sintió totalmente desprotegido por una decisión que consideró arbitraria y carente de sentido práctico.

Me echaron con el certificado en la mano"

Manuel Escribano

La batalla judicial por la readmisión

Tras el despido, Manuel decidió emprender una batalla legal por lo que consideraba una injusticia manifiesta. En una primera instancia, un tribunal avaló la decisión del Ayuntamiento, pero el cocinero no se dio por vencido y decidió recurrir. “Voy a por todas, porque esto me parece una injusticia”, ha afirmado Manuel sobre su determinación para llevar el caso ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Su perseverancia ha sido fundamental para revertir la situación y defender sus derechos laborales frente a una normativa aplicada de forma inflexible.

La sentencia del TSJC ha sido contundente, anulando el despido y reconociendo el derecho de Manuel a ser restituido en su puesto. El fallo ordena al Ayuntamiento de Barcelona a reincorporarlo "en las mismas condiciones anteriores al despido". Ahora, el equipo de gobierno municipal tiene un plazo de cinco días hábiles para ejecutar la sentencia. Esta victoria judicial no solo afecta a Manuel, sino que también sienta un importante precedente para otros trabajadores en situaciones similares.

Un precedente contra la aplicación automática de la ley

El fondo de la cuestión, según la sentencia, no es cuestionar la legitimidad de las pruebas lingüísticas en la administración pública. Sin embargo, el tribunal establece límites claros para evitar que su aplicación se convierta en una herramienta “arbitraria, excluyente y desproporcionada”. El fallo subraya que la exigencia de un determinado nivel de catalán debe ser coherente con las funciones del puesto de trabajo, y en el caso de Manuel, al no tener atención al público, el despido fue una medida excesiva.

Tras un largo proceso de incertidumbre, Manuel ha recibido la noticia con una sensación de alivio y paz interior. "Ahora, pues bueno, lo que me da es tranquilidad", ha confesado. El cocinero ha dejado claro que su lucha no estaba motivada por el dinero, sino por una cuestión de principios y justicia personal. La duda sobre su futuro profesional inmediato persiste, pero el objetivo principal ya está cumplido. “Ya no sé si quiero volver o no quiero volver, me da igual el dinero. Solamente dormir tranquilo”, ha concluido.

Solamente dormir tranquilo"

Manuel Escribano

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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