Preparar la mente para un desconfinamiento sano: la fiebre de la cabaña
La psicóloga Consuelo Cuenca confía en que la "capacidad de resiliencia" del ser humano le permita superar la crisis sanitaria, económica y social del COVID-19

Estado de Alarma en Valladolid
Publicado el - Actualizado
2 min lectura
A punto de cumplirse la sexta semana de confinamiento experimentar episodios de incertidumbre, ansiedad o de dificultad para dormir son respuestas “normales”. Sin embargo, advierten los psicólogos, se dan también las circunstancias para que de esta situación se derive en una “tendencia mayor” a la hipocondría, los trastornos de ansiedad, las fobias o, incluso, a la aparición de la denominada “fiebre de la cabaña”.
Esta última, según ha relatado a su paso por Herrera en COPE Castilla y León Consuelo Cuenca, miembro del Colegio Oficial de Psicología de Castilla y León, aflora tras “muchas semanas o meses” de aislamiento. Es un “estado psíquico” en el que afloran “sentimientos de soledad” y una “sensación de insatisfacción”. “Es como una sensación de desasosiego, de aburrimiento o de irritabilidad”, expone. Y cuando se tiene la oportunidad de “romper” con esa rutina a la que se ha visto el individuo sometida se apodera de él “el miedo”, dificultando la vuelta a la normalidad.
El pleno uso de la libertad de movimiento, una vez superada la pandemia del COVID-19, dependerá “mucho”, a juicio de Cuenca, de “cómo ha afectado a cada persona” la enfermedad. También de lo que “ha aprendido” durante el período de confinamiento, así como de que “se percate” de que “tiene a su disposición los suficientes recursos o fortalezas personales para salir adelante sin que surjan miedos”, tales como el contagiar o ser contagiado. Y en este punto, matiza, hay personas que son “más vulnerables”. “Es un hecho”, asegura, “que hay personas que se están obsesionando con las medidas preventivas”. Pero también con “la forma en que nos relacionemos” o con el “temor” a que, por ejemplo, las mascarillas que empleen para salir a la calle “no sean eficaces”.
Para Cuenca en ese “proceso de adaptación” en el que se va a convertir la vuelta a la normalidad tras la pandemia será clave “entender” que las fortalezas de cada uno “no son incompatibles con emociones, tales como la confusión, la inquietud, el descontrol, el miedo, la impotencia o la irritabilidad”. “Esas emociones”, añade, “son naturales y nos hacen ser humanos”. También será “fundamental”, a su juicio, verbalizar esas emociones con personas “de confianza”, fomentar una actitud “positiva y optimista”, teniendo presente la idea de que “el ser humano es muy adaptativo y que, ante cualquier catástrofe, sale adelante”.
Cuenta está convencida de que la “capacidad de resiliencia”, que “le permite” al ser humano plantearse esta situación en clave de “reto”, permitirá que “salgamos adelante”. “Me preocupa más cómo van a gestionar las personas el retorno al trabajo ante el descenso del empleo”, confiesa.



