Donde habitan los abrazos | Capítulo 2: ESPERANZA
Un exrecluso y el delegado de la Pastoral Penitenciaria relatan la dureza de la privación de libertad y el anhelo por una segunda oportunidad

Donde habitan los abrazos | Capítulo 2: ESPERANZA
Burgos - Publicado el
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David Alonso, delegado de la Pastoral Penitenciaria de la Archidiócesis de Burgos, conoce de primera mano el sufrimiento de las personas privadas de libertad. Su primer contacto con este mundo le dejó sensaciones que le marcarían "para toda la vida": visibilizar un reloj parado, el sonido de unas rejas que se cerraban tras de sí y un "olor muy especial, que era el olor de la cárcel".
El evangelio como compañía
La labor de la pastoral se fundamenta en "el encontrarnos con el otro, el hacer vivo el evangelio". Según explica Alonso, se trata de seguir el mandato de Jesús de visitar a las personas presas para ver "el rostro de Dios en estas personas" y generar un espacio de confort, de acogida, de misericordia, pero, sobre todo, "de escucha".

David Alonso, delegado de la Pastoral Penitenciaria de Burgos
Este trabajo de acompañamiento, sostenido por 70 voluntarios, se extiende más allá del centro penitenciario. Alonso señala las dificultades de la reinserción: "Hemos tenido casos de personas que entraban con pesetas y han salido de la cárcel y no saben utilizar los euros". Otro ejemplo es la tecnología, pues "una persona cuando está 5 años dentro, al salir, a veces no sabe ni utilizar un móvil".
La vida tras la condena
Francisco es un sevillano de 55 años que fue encarcelado en Burgos por estafar a los bancos. Tras seis años en prisión y dos en tercer grado con pulsera telemática, ahora se encuentra en libertad condicional y ha conseguido un empleo. Su experiencia le ha dejado una convicción clara: "Por mucho que tú te lleves, la libertad no tiene precio".

Francisco es un sevillano de 55 años que está en libertad condicional en Burgos
Francisco recuerda la dureza de la privación de libertad, especialmente la primera vez. Lo más difícil, explica, es la pérdida de autonomía y estar "ceñido al horario ese", hasta el punto de no poder "tomarme un café cuando quiera". Describe el primer contacto con la prisión como un "patio de primerizo, que es un patio de gente, entre comillas, buena".
Al salir, tuvo que enfrentarse al estigma social que a menudo ignora al recluso. Francisco relata cómo su mejor amigo de antes de entrar en la cárcel le evitó en un centro comercial: "Fui a saludarlo y me di cuenta de que no quería saludarme. Se dio la vuelta con su mujer".
Después de 5 años en la prisión, esto para uno es un soplo de aire"
Exrecluso en libertad condicional en Burgos
Un soplo de aire fresco
En contraste con el rechazo, Francisco destaca la ayuda generosa de los voluntarios en la casa de acogida de la pastoral. Durante su primer permiso de tres días, no tenía recursos para viajar a Sevilla. "Venían los voluntarios, me daban de comer, me llevaban a dar un paseo, me daban un refresco", recuerda. "Después de 5 años en la prisión, eso para ti es un soplo de aire, ¿no?".
Francisco resume la realidad de la cárcel con una frase que encierra una dualidad: "En la cárcel hay gente que merece la pena y gente que merece la pena". Con ello, se refiere a que hay personas que merecen una segunda oportunidad y otras que, en su opinión, deben cumplir su condena. Este testimonio forma parte del segundo capítulo del serial de COPE Burgos titulado 'Donde habitan los abrazos'.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



