Frío y viento: cómo proteger la piel durante el invierno para evitar la sequedad y dermatitis
El frío, el viento y la calefacción alteran la barrera cutánea, pero existen hábitos que marcan la diferencia para mantenerla protegida, cómoda y sana
Toledo - Publicado el
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Con la llegada del invierno, es habitual notar la piel más tirante, seca e incluso sensible. El frío, el viento y los cambios bruscos de temperatura alteran la barrera cutánea, encargada de proteger la piel y evitar la pérdida de agua. Según Amparo Rodríguez, farmacéutica experta en dermocosmética de Farmacias Abadía, cuando esta barrera se debilita, "la piel se deshidrata, se reseca, se descama y puede aparecer incluso picor, rojeces o mucha sensibilidad".
Las claves de una buena crema
La experta subraya que no se trata solo de una cuestión estética, sino de bienestar. "La hidratación, al final, es salud". Una piel deshidratada no cumple correctamente su función protectora, lo que puede provocar la aparición de dermatitis, eccemas o empeorar patologías previas como la piel atópica o la psoriasis.
Aunque mucha gente cree que basta con aplicar una crema, Rodríguez aclara que "es fundamental hacerlo bien". La piel necesita tanto agua como lípidos (grasas). Por ello, las cremas hidratantes deben combinar activos como el ácido hialurónico o la urea, que ayudan a retener agua, con lípidos como las ceramidas y mantecas de karité, que refuerzan el manto protector.
No todas las zonas del cuerpo necesitan el mismo cuidado. Las más expuestas, como la cara, los labios y las manos, sufren más y pueden necesitar varias aplicaciones a lo largo del día. Para el cuerpo, lo ideal es aplicar la crema una vez al día, preferiblemente "después de la ducha y cuando la piel aún está ligeramente húmeda".
Consejos para cada edad y rutina
La hidratación también debe adaptarse a cada etapa de la vida. "Los bebés tienen una piel más inmadura y pierden agua con muchísima facilidad", por lo que requieren productos específicos. En el caso de las personas mayores, su piel tiende a ser "más seca y más frágil" al tener menos grasa y agua, por lo que la hidratación también es clave.
Además de las cremas, la farmacéutica recomienda otros hábitos, como ducharse con agua templada para no eliminar la grasa natural de la piel y usar geles hidratantes. También es fundamental mantener una buena hidratación interna, bebiendo al menos "un litro y medio de agua al día", y reforzar la rutina facial con sérums hidratantes para reparar la barrera cutánea.
En definitiva, cuidar la piel en invierno es un conjunto de hábitos. "Pequeños gestos diarios marcan la diferencia y ayudan a que la piel esté cómoda, protegida y sana, sobre todo", concluye la experta.
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Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.