El Museo Ruiz de Luna se ha quedado pequeño. La llegada de la colección Carranza exige ampliar el templo de la cerámica

En su 30 aniversario, afronta un reto crucial de crecimiento para acoger los fondos que lo consolidarían como el más importante de España

MUSEO RUIZ DE LUNA
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30º ANIVERSARIO MUSEO RUIZ DE LUNA

Blanca Bermejo

Toledo - Publicado el

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El Museo de Cerámica Ruiz de Luna de Talavera de la Reina, una institución de titularidad estatal gestionada por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ha cumplido 30 años desde su apertura al público. Un aniversario que pone sobre la mesa una necesidad: el museo se ha quedado pequeño y su futuro, como el mayor referente de la cerámica en España depende de una ampliación.

La necesidad de espacio no es nueva, pero la futura incorporación de la prestigiosa colección Carranza, compuesta por cientos de piezas, ha convertido el problema en una urgencia. Esta situación debería obligar a las administraciones a buscar soluciones para que el museo, que nació de la pasión por recuperar la historia de la cerámica, pueda seguir creciendo y mostrando su legado al mundo.

Un origen marcado por la perseverancia

La historia del museo está ligada a la figura de Juan Ruiz de Luna, un fotógrafo que, enamorado de la cerámica artística de Talavera, especialmente de los siglos XVI al XVIII, no solo la revivió con su propio taller, sino que la coleccionó. Unas piezas que se convirtieron en el germen del actual museo. 

El centro celebró su 30 aniversario el pasado 14 de febrero, una fecha que rememora su peculiar "no inauguración". El acto oficial fue suspendido por el luto nacional tras el asesinato de Francisco Tomás y Valiente, el que fuera presidente del Tribunal Constitucional, por lo que el museo simplemente abrió sus puertas sin el protocolo preceptivo.

Paralelamente a la puesta a punto del edificio, que había estado cerrado durante más de dos décadas, un grupo de entusiastas fundó la Asociación de Amigos del Museo Ruiz de Luna. Domingo Portela, uno de sus fundadores, recuerda que la asociación nació tres años antes de la apertura, en 1991, impulsada por "cinco amantes de la cerámica" que querían acelerar la reapertura del espacio.

Deseábamos difundir ese museo secuestrado y darle a conocer"

Domingo Portela

Co-fundador de la Asociación de Amigos del Museo

El objetivo era claro, como explica Portela: "deseábamos difundir ese museo secuestrado y darle a conocer". La impaciencia era tal que, antes incluso de que el museo abriera en Talavera, la asociación organizó actividades y exposiciones fuera, llevando parte de sus fondos al Museo Numantino para dar a conocer la riqueza que permanecía almacenada. "Creíamos que era un momento importante", subraya, destacando la colaboración del colectivo en el diseño museológico y museográfico que hoy conocemos.

El desafío: un gigante que no puede crecer

Treinta años después de aquella ilusionante apertura, la realidad ha superado las expectativas y, sobre todo, las instalaciones. La principal demanda de quienes conocen y aman el museo es unánime: necesita expandirse. El edificio, aunque se amplió con el espacio del antiguo Liceo de S. Agustín, ya no es suficiente para albergar la riqueza de su colección y, fundamentalmente, para narrar la evolución continua de la cerámica talaverana.

El museo ahora mismo se ha quedado pequeño"

Domingo Portela lo expresa con contundencia: "el museo ahora mismo es un museo que se ha quedado pequeño para difundir lo que ha llegado a ser la cerámica talavera y en esta evolución". Considera que, aunque ha habido mejoras y nuevas didácticas, falta "la gran apuesta" para consolidarlo como el museo de cerámica más importante del país. Una de las carencias, según apunta, es que los fondos se amplían poco, un factor clave para mantener viva la colección.

El museo ha evolucionado, pero su continente, el edificio, se ha convertido en un corsé que limita su discurso. La falta de espacio impide no solo mostrar más piezas de sus fondos almacenados, sino también desarrollar un programa de exposiciones temporales más ambicioso y, en definitiva, ofrecer una experiencia más completa al visitante. A esta limitación se suma la ausencia de una figura de dirección, aunque el centro cuenta con un conservador.

Colección Carranza, un reto inminente

La llegada de la colección Carranza es, al mismo tiempo, la mayor oportunidad y el mayor desafío para el Ruiz de Luna. La promesa del presidente del Gobierno de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page de que la colección recalará en el museo sigue vigente, pero su materialización depende de una cuestión puramente física. 

Aunque no hay una fecha concreta para la llegada de las piezas, se baraja un plan que incluye una exposición itinerante antes de su instalación definitiva en Talavera. Sin embargo, la pregunta sigue en el aire: ¿dónde se ubicará? Portela señala que existen soluciones y que "ya se deberían ir barajando las posibilidades".

Una de las opciones más viables es la construcción de un nuevo volumen en la parte trasera del actual museo, en un solar anexo que da a la calle Pescaderías. "Espacio habría", asegura Portela, quien también sugiere que una "optimización mejor del espacio" existente podría ser parte de la solución. Lo que parece descartado por su complejidad es el traslado completo del museo a otro edificio.

El 30 aniversario del Museo Ruiz de Luna se convierte así en un llamamiento a la acción. La institución ha demostrado durante tres décadas ser un pilar del patrimonio cultural talaverano, pero para asegurar su futuro y acoger el legado que está por venir necesita que las administraciones responsables apuesten por su crecimiento con la misma pasión con la que un día lo hizo el propio Ruiz de Luna.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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