Angélica Rodríguez, psicóloga: "Cuando un ser querido desaparece, la vida se paraliza durante unos años y la duda se queda para siempre"
Tras las dos últimas desapariciones en Asturias, la experta analiza en COPE el 'duelo ambiguo', un dolor sin rituales de despedida que a menudo nunca se llega a superar
Asturias - Publicado el
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En los dos primeros meses de 2026, Asturias ya suma dos personas desaparecidas cuyo rastro no ha podido ser localizado. El primer caso fue el de un pescador de 54 años que desapareció en Coaña en el mes de enero. El segundo, y más reciente, es el de María Teresa, una mujer de 56 años que cayó al río Silvestre en San Martín del Rey Aurelio el pasado 6 de marzo. En este contexto, la psicóloga Angélica Rodríguez, miembro del Colegio Oficial de Psicología del Principado, ha explicado en COPE Asturias la complejidad de afrontar una pérdida cuando no se encuentra el cuerpo.
El duelo suspendido
Este proceso es conocido en psicología como "duelo ambiguo", "duelo suspendido" o "sin resolver". Según explica Rodríguez, la ausencia de un cuerpo dificulta enormemente la asimilación de la pérdida. "Psicológicamente nos cuesta muchísimo más asimilar que la persona no está", señala. Los rituales de despedida, como los funerales, cumplen la función de confirmar la muerte, pero sin ellos, el proceso queda en el aire.
La familia queda atrapada en una dualidad constante, "como si realmente estuviera entre dos posibilidades: la esperanza de que aparezca y el miedo a que no lo haga". Esta ambigüedad, según la experta, es el estado en el que los seres queridos se manejan durante muchísimo tiempo, generando una incertidumbre que puede llegar a paralizar sus vidas durante años.
La duda nunca va a desaparecer del todo"
Psicóloga
Una herida que no cierra
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Angélica Rodríguez explica que, en la mayoría de los casos con un vínculo afectivo directo, la pérdida nunca se asimila por completo: "Aunque los estudios dicen que no es el 100%, que no asimilan esa pérdida". Para un padre que pierde a un hijo en estas circunstancias, por ejemplo, "generalmente va a estar esperándolo toda la vida". La esperanza de que la persona simplemente se haya marchado y pueda regresar alimenta una incertidumbre constante, y por ello la psicóloga apuesta a que, cuando hay mucho vínculo, "la duda nunca va a desaparecer del todo".
Esta tensión emocional puede incluso derivar en desconfianza hacia el entorno, incluidos los equipos de búsqueda. La experta explica que, cuando la emoción es muy intensa, "el razonamiento es muy débil". Los familiares pueden llegar a sentir que los profesionales "no lo están haciendo bien" o que no deberían detener la búsqueda, ya que necesitan ver que se está haciendo todo lo posible de forma continua.
Generalmente, los familiares van a estar esperando toda la vida
Psicóloga
El camino hacia la aceptación
Durante el proceso de búsqueda, "el apoyo mutuo entre los propios familiares es fundamental y muy importante para darse consuelo", recomienda Rodríguez. Sin embargo, el verdadero desafío comienza cuando la búsqueda se cancela. En ese momento, el círculo de apoyo tiende a difuminarse y es cuando las familias pueden necesitar la ayuda de un profesional de la salud mental.
Un psicólogo puede guiar a la familia a través de la "sintomatología de incertidumbre, de duda y de un dolor intenso que, a veces, parece que no va a pasar nunca". A diferencia de un duelo convencional, este tipo de pérdida "no tiene un calendario emocional". No se trata de cerrar una herida, concluye la experta, sino de que "se aprende a vivir con esa ausencia".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.