La puerta a una nueva vida: historias tras la regularización de migrantes
Decenas de personas aguardan desde la madrugada a las puertas del Ayuntamiento de Zaragoza para iniciar los trámites que les permitirán salir de la irregularidad
Zaragoza - Publicado el
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Las largas filas han vuelto este lunes a las puertas del Ayuntamiento de Zaragoza con motivo del proceso de regularización extraordinaria de migrantes aprobado por el Gobierno de España. Se estima que entre 15.000 y 17.000 inmigrantes que ya residen en Aragón podrán beneficiarse de esta medida, cuyo requisito principal es acreditar la permanencia en el país desde finales del año pasado. A pesar de que el Gobierno de Aragón ha anunciado acciones judiciales contra el decreto, para miles de personas esta es una oportunidad única para salir de la precariedad.
Coincidiendo con la apertura del plazo para solicitar cita presencial, decenas de personas aguardan desde primera hora para avanzar en unos trámites que deben formalizarse antes del 30 de junio. Algunos, como Mauricio, esperaban desde las cuatro de la mañana. Este nicaragüense, que dejó a su familia en su país, lleva un año en España de forma irregular y ve el proceso como una ocasión para "aprovechar y hacer lo mejor para este país y para nosotros mismos". Su vida, asegura, no ha sido fácil: "Intentar sobrevivir por un lado y por otro, aunque a veces es muy difícil, sin documentos".
Mauricio, migrante de Nicaragua, en la fila del Ayuntamiento
Historias de supervivencia y esperanza
Cada persona en la fila tiene una historia de lucha. Abduail, de 39 años y procedente de Argelia, lleva cuatro en el país trabajando "en la chatarra" o "en negro" dos días a la semana o incluso al mes. Su objetivo es poder ayudar a su familia. Un anhelo que comparte Haydu, que llegó de Senegal hace un año y tres meses y resume la situación de forma contundente: "Trabajar es muy difícil, no tengo trabajo, solo casa, calle. Si tengo papeles, empezaré a trabajar, si no la vida es muy difícil".
Si no tienes papeles, la vida es muy difícil"
Senegalés a la espera de regularización
Gladys, peruana de 45 años, lleva dos y medio en España y ha estado trabajando como cocinera en hostelería. Madre de dos hijos de 18 y 6 años, acude a por su certificado de vulnerabilidad para "poder tramitar para trabajar de manera formal con el documento, y aportar a la seguridad social".
Su meta es "traer a mi familia y que todos trabajen de manera formal acá, tener una buena educación para ellos". Su hijo pequeño, Jadiel, de 6 años, también lo desea: "Papá, te quiero mucho, quiero que venga mi familia".
Gladys, peruana de 45 años, junto a su hijo, de 6 años
Una de las historias más singulares es la de Carlos, un colombiano que llegó hace año y medio. Era militar en su país y, al retirarse, su plan era unirse a los mercenarios en Ucrania, pero una llamada de su familia le hizo cambiar de idea durante una escala en Madrid.
"Ha sido duro, porque en esta vida uno a veces está arriba, tenía mi buen cargo, era suboficial, y a veces te toca empezar de cero", relata. Tras quedarse sin recursos, llegó a dormir en la calle y sobrevivía "vendiendo empanadas en las discotecas", hasta que un ciudadano español le acogió en su casa.
Carlos, de Colombia, espera su turno en el proceso
Carlos está convencido de que la regularización es una oportunidad para todos. "Esto aporta mucho a la economía del país. Todo se basa en las personas, el talento humano. La economía está en las personas, y si no hay personas, no se va a mover la economía", argumenta.
También Eric, nicaragüense de 25 años, agradece la oportunidad. Se preparó en estética y la belleza y ha trabajado "en negro" en salones de uñas y maquillaje. "Sí que me ilusiona, porque es algo que siempre me ha gustado, espero encontrar algo similar a lo que he estudiado", afirma.
La visión de las entidades sociales
Desde Cáritas Aragón, su secretaria general, África Navarro, subraya que acompañan desde hace mucho tiempo a personas en situación vulnerable y en exclusión, como las que se encuentran en situación administrativa irregular. Los perfiles, explica, son muy variados, incluyendo personas que huyen de la guerra o la violencia. Para ellas, esta regularización "supone una oportunidad" para alcanzar lo que más desean: "sustentarse por sí mismos, tener un trabajo digno y una vivienda digna".
Ante la preocupación del ejecutivo autonómico por el posible impacto en los servicios públicos, Navarro responde con claridad. "Son personas que ya están en nuestra sociedad y que sus hijos menores de edad están escolarizados", señala. Además, recuerda que acceden al servicio sanitario a través de la tarjeta sanitaria que se obtiene con el empadronamiento.
Sobrevivía vendiendo empanadas hasta que una persona me acogió en su casa"
Colombiano a la espera de regularización
Por tanto, considera que el impacto ya se ha podido medir y que la regularización es también una oportunidad para los empresarios de sectores como el campo o la hostelería, que "están deseando esta regularización" para poder formalizar la contratación de sus trabajadores.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.