La Policía Local enciende las alarmas: detectan el inicio del consumo de alcohol a los 12 años

Un agente tutor de la Policía Local de Málaga detalla los riesgos, las nuevas pautas de consumo y la importancia de la prevención en familia y en las aulas para atajar el problema

Lugo. Ocio nocturno durante las fiestas de San Froilán. En la imagen, ambiente en la Praza de Augas Férreas, en la madrugada del viernes 6 de octubre
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COPE Málaga

Escucha a Alejandro Márquez, agente tutor de la Policía Local de Málaga

Enrique Ortiz

Málaga - Publicado el - Actualizado

6 min lectura14:59 min escucha

El consumo de alcohol en menores de edad es un problema que va más allá de ser una simple "cosa de la edad". Los riesgos para la salud, el rendimiento escolar y la seguridad son reales y han encendido las alarmas en la ciudad de Málaga. La Policía Local de Málaga, a través de su Grupo de Investigación y Protección, trabaja directamente con los jóvenes y sus familias en labores de prevención, control y acompañamiento para atajar una tendencia preocupante que se detecta a edades cada vez más tempranas.

El oficial Alejandro Márquez, agente tutor del Grupo de Investigacion y Protección (GIP) de la Policía Local de Málaga, ha confirmado que se ha producido un cambio en los patrones de consumo. "Hemos detectado que a partir de los 12 años ya se está viendo un consumo más habitual de lo que se esperaba", explica el agente en los micrófonos de COPE Málaga. Esta detección temprana ha obligado a diseñar un plan de actuación específico dentro del programa agente tutor, centrado en charlas y coloquios en los centros de educación secundaria.

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Alejandro Márquez, en los estudios de COPE Málaga

Prevención y concienciación en las aulas

El trabajo preventivo en los institutos es una de las piedras angulares de la estrategia policial. En estas charlas, se busca concienciar a los adolescentes sobre los peligros existentes y desmontar los "falsos mitos que hay sobre el consumo de alcohol", como la creencia de que ayuda a desinhibirse o a evadir problemas. El objetivo es prevenir conductas de riesgo que posteriormente pueden manifestarse en la vía pública, afectando no solo a su salud, sino también a su seguridad y la de los demás.

Uno de los focos de estas charlas es la peligrosa combinación del alcohol con los vehículos de movilidad personal, como los patinetes eléctricos, cuyo uso está muy extendido entre los jóvenes. "Si eso lo acompañamos a un cóctel con el alcohol, ahí tenemos un problema", advierte Márquez. Para tomar el pulso a la situación, la policía utiliza cuestionarios anónimos que ayudan a comprender las motivaciones de los menores para beber. Los resultados de estos cuestionarios revelan que muchos jóvenes beben por presión social, para "sentirse dentro de un grupo de iguales". Según explica el oficial, "el no consumir alcohol dentro de un grupo, aunque no le guste, es que los excluye". 

Otras motivaciones incluyen desinhibirse para intentar ligar, buscar un estado de euforia o simplemente ganar una falsa sensación de seguridad en sí mismos. Para hacer el mensaje más impactante, en estas sesiones se muestra "la cara fea del alcohol". La policía presenta documentación e imágenes de accidentes reales y se abordan las graves consecuencias que puede tener el consumo desmesurado, incluyendo delitos de índole sexual que a menudo se derivan de una ingesta sin control en fiestas o locales de ocio. "Lo que le intentamos es inquietarlo y llamar la atención, de que cuidado, que enfrentáis este tipo de conductas", subraya Márquez.

El papel de la familia: entre la negación y la colaboración

La comunicación con los padres es otro canal fundamental. Cuando los agentes detectan a menores consumiendo alcohol en la vía pública, la actuación es directa. Si la integridad física del menor está comprometida, los propios agentes lo trasladan a su domicilio. En esos casos, la prueba se vuelve "irrefutable" para los progenitores, que se encuentran con la policía en la puerta acompañando a su hijo.

Cuando no existe una intoxicación grave pero sí se ha detectado el consumo, como puede ocurrir con adolescentes de 16 o 17 años, la policía levanta el acta correspondiente y envía una carta comunicativa a los padres. A través de esta vía, se les ofrece la posibilidad de contactar con los agentes para ampliar la información sobre las circunstancias, el tipo de bebida o el grupo con el que se encontraba el menor, buscando siempre que la familia "preste el interés y adopte las medidas oportunas".

El oficial Márquez insiste en la importancia del ejemplo en casa, ya que los patrones familiares se reproducen y normalizan el consumo a ojos de los hijos. "Lo que los menores ven, lo hacen, y el patrón a seguir es la casa", afirma con rotundidad. Si un niño crece viendo un consumo habitual de alcohol en su hogar, es mucho más probable que lo considere una conducta normal y la replique.

Lo que los menores ven, lo hacen, y el patrón a seguir es la casa

Alejandro Márquez

Agente tutor del Grupo de Investigación y Protección de la Policía Local de Málaga

Sin embargo, la reacción de los padres no siempre es la esperada. El agente relata casos en los que la preocupación principal de la familia es la cuantía de la multa y no la conducta de riesgo del menor. En una anécdota, ante la negación rotunda de un padre, el oficial le invitó a llevar a su hijo a una farmacia para realizarle una analítica de orina. La tensión fue tal que el policía se dirigió directamente al joven y le dijo: "se lo dices tú o se lo digo yo". En ese momento, la verdad salió a la luz.

Vigilancia en la calle: botellón, multas y delitos

A pesar de los esfuerzos, el botellón sigue siendo una práctica presente en Málaga, aunque en menor medida. Los menores, además, se reinventan para acceder a locales de ocio, recurriendo a prácticas que constituyen delitos graves. Se han detectado casos de DNI falsificados, alterados o el uso del documento de un familiar o amigo mayor de edad. Estas acciones pueden acarrear consecuencias penales por falsedad de documento público o usurpación de identidad, pasando el caso a la Fiscalía de Menores.

La policía también ha intensificado las campañas de vigilancia sobre establecimientos, especialmente bazares y tiendas de conveniencia, que venden alcohol a menores. Equipos de paisano vigilan estos locales y, cuando confirman la venta, abordan al menor para después actuar sobre el establecimiento, levantando un acta que puede suponer el cierre preventivo del local y sanciones económicas importantes.

(Foto de ARCHIVO)Foto de la Policía Municipal de Valladolid de personas consumiendo alcoholREMITIDA / HANDOUT por POLICÍA MUNICIPAL DE VALLADOLIDFotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma06/7/2023

Policía

El botellón es una práctica muy extendida entre los jóvenes de nuestro país

Las redes sociales se han convertido en una herramienta de doble filo. Los menores "lo cuentan todo", a menudo en perfiles abiertos, lo que permite a la policía realizar "ciberpatrullaje". Gracias a esta vigilancia digital, los agentes han detectado convocatorias para fiestas de cumpleaños que se descontrolan y se convierten en eventos de consumo masivo de alcohol, permitiendo una intervención a tiempo para disolver la fiesta e informar a los padres.

La sanción por consumir alcohol en la calle, según la ordenanza de convivencia, es una infracción leve que puede ascender a 100 euros. No obstante, el objetivo principal no es recaudatorio, sino educativo. Para los "primerizos" sin reincidencias, existe la posibilidad de conmutar la multa por una charla de concienciación o un trabajo en beneficio de la comunidad, siempre con la voluntad del menor y la autorización de sus padres.

Finalmente, el oficial Márquez lanza una seria advertencia sobre una de las consecuencias más graves y preocupantes que están observando: el abandono de amigos que se encuentran en estado de intoxicación etílica grave. "Cuando llega allí la urgencia o llega la policía, abandonan al menor, lo dejan prácticamente desolado". Este acto, que podría constituir un delito de omisión de socorro, deja a la víctima en una situación de vulnerabilidad extrema, expuesta a robos, agresiones o a un empeoramiento fatal de su estado de salud.

Cuando llega allí la urgencia o llega la policía, abandonan al menor, lo dejan prácticamente desolado

Alejandro Márquez

Agente tutor del Grupo de Investigación y Protección de la Policía Local de Málaga

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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