
Jaén - Publicado el - Actualizado
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La celebración del Día Internacional de los Trabajadores tiene su orígen en la huelga del 1 de mayo de 1886, en la que se reivindicaba la jornada laboral de 8 horas. La actuación policial para sofocar aquellos motines dio lugar a los “Mártires de Chicago”, con 6 muertos y decenas de heridos. El punto álgido de las protestas aconteció tres días después con la Revuelta de Haymarket; en dicha plaza la fuerza pública abrió fuego contra la multitud dejando 38 fallecidos y más de 200 heridos.
Estos hechos se enjuiciaron en la Corte Suprema de forma controvertida, condenando a ocho responsables sindicales anarquistas, de los cuales a cinco se les ejecutó en la horca. Desde entonces, aquellos sucesos representan un hito emblemático en favor de la dignidad del trabajo. Sin embargo, los países más desarrollados, que practican otras políticas económicas, como EE.UU., Australia, Nueva Zelanda, Japón o Corea del Sur, lo celebran en otra fecha, para oponerse a la ideología comunista y socialista de los sindicatos y partidos de izquierdas. En 1955, el papa Pío XII tuvo el acierto de declarar el 1 de mayo fiesta de San José Obrero, porque representa un modelo de cómo puede santificarse una vida sencilla, normal, ordinaria, hecha de años de tareas realizadas con perfección humana. Esta dimensión más completa y elevada del trabajo, que trasciende y lleva implícitas las relaciones de justicia, fue proclamada en el Concilio Vaticano II, mediante la Constitución “Gaudium et spes”. Anteriormente, en 1870, Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia Universal y elevó su festividad al máximo rango litúrgico.
Pero para la veneración pública y general del Santo Patriarca en Occidente habría que remontarse al siglo XIII. Su propagación se debe a san Buenaventura, santa Brígida de Suecia, san Vicente Ferrer y san Bernardino de Siena. En el siglo XV, Juan Gerson, canciller de la Universidad de París, denominó a san José: “Abogado Todopoderoso de la Iglesia”. En el siglo XVI santa Teresa de Jesús dio un impulso a esta devoción, dedicándole doce de los conventos fundados; y abrió su corazón: “No me acuerdo hasta hoy de haber suplicado nada a san José que no me lo haya concedido”. Cuando esta Doctora de la Iglesia estuvo en la ciudad de Toledo, coincidió con el Greco (Doménikos Theotokópoulos), quien plasmó joven al esposo de María con el Niño, lo que supuso una revolución de la historia de la teología; porque hasta entonces se le había representado anciano, con la idea de resaltar su pureza. Más adelante, san Francisco de Sales y san Alfonso María de Ligorio explicarían la conveniencia de que la Sagrada Familia estuviera junta en el Cielo, excluyendo de pecado al padre putativo de Jesús. Subrayan la importante misión del “hombre justo” en la Encarnación y en la Redención. Así se recoge en el documental de Goya Producciones (Andrés Garrigó y Josemaría Muñoz), “Corazón de padre”, en alusión a la reciente Carta Apostólica del papa Francisco. Esta magnífica película ayuda a descubrir aspectos desconocidos de este “soñador”.
La Iglesia ha promovido más al santo del “encogimiento de hombros” en estos 150 últimos años que en los 1.800 anteriores. Quizá por el ataque al matrimonio, a la familia y a la paternidad que existe en la actualidad. San José es el patrono de los trabajadores, los artistas, los emigrantes, los niños por nacer, los pobres, los afligidos, la familia, los padres, los seminaristas, la buena muerte (en brazos de Jesús y María). El primer seminario fue Nazaret, porque allí José enseñó al primer Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo. Sorprende la devoción que se tiene al “santo del silencio”, de la humildad y obediencia en todo el mundo; desde la Provenza francesa en Cotignac a Montreal con el Oratorio de San José, creado por el entusiasmo del religioso canadiense André Bessette. La Sagrada Familia de Barcelona, obra de Gaudí, es la iglesia más alta del mundo con 172 metros, inspirada en el santo de la “valentía creativa”. Tanto en Sofía (Bulgaria), Zanzíbar en Tanzania, Dunedin en Nueva Zelanda, Tianjin en China, Hanoi en Vietnam, Hyderabag en India o Pontianak en Indonesia, encontramos algunas de las catedrales dedicadas a este “padre en la sombra”. Resultan impresionantes los numerosos milagros y favores concedidos por su intercesión.



