
Jaén - Publicado el - Actualizado
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Se me había quedado en el almacén de las ideas. Un sábado primaveral. Por la mañana temprano corría yo por un sendero próximo al camino de la Fuente de la Zarza. Los pinos, un poco más arriba. La roca, pelada. Algún matorral espinoso era la única vegetación. Una pareja, quizá matrimonio, venía en sentido opuesto. De tanto en vez se paraban y agachaban a comprobar algo. La dificultad de la pendiente me obligaba a ir muy lento. De manera que pude oír su conversación casi completa, “estos plantones están bien. Parece que han agarrado. Échales agua”. Ignoro si habían tomado la iniciativa por decisión propia o pertenecían a alguna asociación ecologista. Los sobrepasé con el convencimiento de que amaban Jaén y sus alrededores.
El domingo me cruce en la Vía Verde de Jabalcuz con un señor que arrastraba un carrito repleto de envases de plástico vacío. Entendí, súbitamente, el letrero que manos anónimas han colocado en el puente de madera que hay junto al Ojo del Buey, “Esta agua está a disposición de los caminantes para colaborar en el riego de arbolitos (especialmente los que están más alejados del camino y que no se ven). ¡Muchas gracias! Postdata. Bajaos las garrafas vacías, por fa”.
Lo que depende del Ayuntamiento deja que desear. En algunos puntos los pasamanos de madera están rotos. La maleza seca, yesca en cuanto apriete el calor, amenaza con un incendio inminente. Sin embargo, hay quien de manera altruista intenta preservar y mejorar ese paraje giennense. Reprocho, sin embargo, un aspecto. No deis las gracias. Somos los demás los que tenemos que agradeceros el esfuerzo desinteresado y anónimo.
Tras fotografiar el letrero, llegué a mi casa pensando que la historia tiene moraleja. Lo que no hagamos nosotros por nosotros mismos no nos los resuelve nadie. En ocasiones se nos va la fuerza por la boca reclamando y exigiendo a las administraciones públicas. Desdeñamos que nuestros pequeños esfuerzos y gestos individuales suman. Sobre todo, en lo que implica de toma de conciencia. De posicionamiento individual ante los poderes.
En las dos historias que les he contado -verídicas y a las que no he añadido nada de mi cosecha- late el amor por lo nuestro. Enaltecen al ciudadano y ponen de manifiesto que hay personas que forman una sociedad madura y avanzada. Falta que estos mismos principios se trasladen a la política y a la reivindicación. Ustedes, dilectos oyentes, que son perspicaces ya saben por dónde van los tiros.
Palabras, divinas palabras



