
Jaén - Publicado el - Actualizado
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Hay quejas. Dicen que se han pasado tres pueblos con la subida. Y no hablan del recibo de la luz. Ni de que una cerveza no baje ya de los dos euros y medio. La inscripción para la San Antón cuesta quince euritos en lugar de los tres de siempre. Pues a mí me parece de perlas. Expongo mis razones.
Una carrera urbana no es un acto de beneficencia. Tiene sus costes. Sobre todo, si es de prestigio como la nuestra. Publicidad, servicios policiales y médicos, megafonía, toda la infraestructura de la zona de salida, las antorchas. Me dirán, dilectos oyentes, que con los patrocinadores se cubre el presupuesto. En ese caso, sigan sumando. Los corredores de élite cobran un fijo por venir. Todos los participantes se llevan una camiseta. Multipliquen, por barata que sea la prenda, por quince mil participantes. Les va saliendo un pico, que no tiene por qué costear el Ayuntamiento.
En esta carrera de fondo me quedan argumentos. A tres euros la inscripción se apuntaba todo quisqui. Si llegado el día, hacía frío, llovía o no estaba preparado –“los excesos navideños. Me he pasado, pero para el año que viene la corro que se muera mi madre”-, el dorsal se iba al cubo de la basura o, en el mejor de los casos, se le regalaba al chavea del vecino, “que le hace ilusión correr, pero no hubo manera de entrar en la página de Internet”. Más de uno se abstendrá por el precio. Con lo que habrá dorsales para los aficionados de verdad.
Éramos el chollo de las carreras populares. En cualquier sitio te clavaban veinte euros y se pagaban tan ricamente. Aquí la tasa era ridícula. Incluso así, había que justificarla con el argumento de que lo recaudado se destinaba a organizaciones benéficas.
En Jaén teníamos que ir de gilipollas. Ser más tontos que nadie. Lo que, por otra parte, tampoco es extraño. Vendemos envasado el cinco por cierto del aceite de oliva que producimos. El resto se lo regalamos a intermediarios catalanes o italianos que por su cara bonita se ponen las botas con la plusvalía. Compran a menos de tres euros el litro, le colocan una etiqueta bonita, a veces lo mezclan. El precio en los supermercados extranjeros no baja de los diez euros.
Que cunda el ejemplo del precio en la inscripción de la San Antón. A la luz de lo antedicho, si me apuran, hasta me parece barata.
Palabras, divinas palabras.



