Un camino de Escucha, Ayuno y Misión

Carta pastoral de monseñor Francisco Jesús Orozco a los cofrades

Monseñor Franciso Jesús Orozco, obispo de Guadix
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Carta Pastoral del obispo de Guadix

Redacción COPE Guadix

Guadix - Publicado el - Actualizado

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Queridos cofrades de nuestra diócesis de Guadix: Cercana la Semana Santa de 2026, el Señor nos regala este tiempo de conversión y penitencia. En primer lugar, deseo felicitaros por vuestro incansable trabajo en nuestras Hermandades y Cofradías, custodiando este inmenso tesoro. Las Hermandades son parte del alma de nuestros pueblos, de nuestras parroquias y comunidades; sois un verdadero patrimonio espiritual, que ha sabido encarnar el Evangelio en cada momento de la historia, con una cultura propia a lo largo de los siglos.

La cuaresma es una nueva oportunidad para volver a empezar. En estos tiempos, la secularización y la descristianización interpelan con intensidad a la Iglesia, buscando a menudo arrinconar lo sagrado al ámbito de lo privado o lo puramente folclórico. Ante este reto, vuestra identidad debe brillar con más fuerza que nunca, asumiendo los fines propios de nuestras Cofradías: culto, formación, caridad y evangelización.

Mientras nos preparamos para recibirlo pronto en España, acogemos la llamada que el Papa León XIV hace a toda la Iglesia en este camino hacia la Pascua, como sucesor de Pedro. En su mensaje para esta Cuaresma 2026, «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión», nuestro Santo Padre León XIV nos invita a poner de nuevo “el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”. El Papa nos pide que demos espacio a la escucha de la Palabra, pues es el primer signo del deseo de entrar en relación con el otro y con Dios. Escuchar a Dios nos ayudará a oír mejor la realidad que nos circunda, especialmente la voz que “clama desde el sufrimiento y la injusticia”. De manera especial, el Papa nos hace una llamada a un ayuno muy concreto, para centrarnos en lo esencial y llevar una vida sobria: "desarmar el lenguaje". Nos exhorta a pedir la fuerza de un ayuno que alcance a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren, el juicio inmediato y las calumnias, dejando espacio para la voz de los demás. Como cofrades, este es un antídoto vital contra la división: “esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en los medios de comunicación en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”. Este es el reto virtuoso cofrade: cultivar la amabilidad en nuestras juntas de gobierno, en las parroquias, en nuestros encuentros de hermandad, en nuestras familias y en las redes sociales.

Trabajemos para fortalecer los cuatro pilares constitutivos de la vida cofrade ante los retos del presente. El culto: hagamos el precioso camino que va del rostro de nuestros titulares al Misterio Vivo. El culto, la vida sacramental y las celebraciones litúrgicas de la Iglesia deben ser el puente que lleve de la veneración de vuestros amados Titulares a la adoración de Dios. Las imágenes sagradas son "ventanas" a lo invisible que deben movernos a la imitación de Cristo y de la Virgen María; la formación necesaria en un mundo secularizado. Es un imperativo "conocer" para poder dar razones de nuestra fe a quien nos la pidiere. Os insto a profundizar en el estudio de la Palabra de Dios, el Catecismo, los documentos del

Vaticano II y el magisterio de la Iglesia, evitando una fe superficial que sea vulnerable a la superstición o a la "mundanización"; la caridad, que hará de la cofradía un "refugio de misericordia". Debemos atender las "nuevas pobrezas" de nuestro tiempo: la soledad de los ancianos, el vacío de los jóvenes, el paro de larga duración y la desesperanza espiritual. Las vocalías de caridad de nuestras Hermandades, trabajando constantemente con Cáritas parroquial y diocesana, serán germen de justicia y esperanza para los que más sufren a nuestro alrededor. Recordad que la verdadera riqueza de una Hermandad son las personas, especialmente las más necesitadas; y la evangelización. Si la razón de ser de toda la Iglesia es evangelizar, también una cofradía existe para evangelizar. Nuestras estaciones de penitencia no son un espectáculo cultural al estilo de un desfile de carnaval, sino un gesto misionero que anuncia que Cristo vive y ha triunfado sobre la muerte.

Insistamos en la necesidad de ser asiduos convencidos en las celebraciones de la vida de la Iglesia en nuestras parroquias, como primer movimiento que fortalece nuestra vida interior y unión a Cristo. Desde ahí seremos lanzados con verdad a la misión y al testimonio público de nuestra fe, en todos los ambientes de nuestra sociedad y en todas nuestras relaciones personales y laborales.

Cuidemos especialmente la eucaristía dominical, el sacramento de la penitencia y la adoración del Santísimo, como verdaderos antídotos contra el “postureo” y la tibieza espiritual. Estimados cofrades, la estación de penitencia es un momento fundamental y de gran fervor, pero no es el culmen de la Semana Santa. Os apremio a participar activamente en los Santos Oficios del Triduo Pascual en vuestras parroquias. Un buen termómetro de la verdad de nuestra vida cofrade es la asistencia al Triduo Pascual. No puede haber una verdadera Semana Santa sin la celebración de la muerte y la Resurrección del Señor; sabiendo que la Vigilia Pascual es la celebración principal de todo el año litúrgico.

Vuestra fe se vive y se fortalece en la parroquia, vuestra sede canónica. Las Cofradías y Hermandades nacen para fortalecer las urgencias pastorales y evangelizadoras en nuestras comunidades. Una Hermandad que se aísla de su Parroquia se marchita. Os animo a integraros plenamente en la vida comunitaria, en los consejos pastorales, en la vida diocesana, colaborando estrechamente con vuestros párrocos y sacerdotes, así como con las diferentes realidades eclesiales presentes en la Iglesia.

En este camino hacia la Pascua, nos acompaña María, Estrella de la Evangelización. Ella, que escuchó la Palabra y la llevó a cumplimiento, nos enseña a ser testigos fieles de Cristo. Que Ella os ayude a fortalecer nuestra identidad y a vivir esta Cuaresma como un verdadero itinerario de conversión personal y comunitaria.

Que esta Semana Santa sea para nuestra Diócesis, para todos los cofrades, un tiempo de profunda renovación espiritual, donde el paso de nuestros titulares por nuestras calles nos lleve al encuentro vivo con el Resucitado, al que celebramos en la vida sacramental de la Iglesia.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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