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J.L. RESTÁN | LÍNEA EDITORIAL

Vigencia y valor de la Constitución

Asistimos a una especie de impugnación general de la Constitución, especialmente entre quienes pretenden encarnar la “nueva política”.

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Desde hace tiempo se habla de la necesidad de reformar la Constitución, que hoy cumple 39 años y que nació del consenso de una sociedad deseosa de emprender el camino de la reconciliación después de cuarenta años de dictadura. Es posible que a la Carta Magna le convenga alguna reforma, siempre que goce del máximo consenso posible. Sin embargo asistimos a una especie de impugnación general, especialmente entre quienes pretenden encarnar la “nueva política”. Este ha sido el santo y seña de Podemos, pero curiosamente existe también una deriva en ese mismo sentido por parte de algunos sectores del PSOE.

La última propuesta de Pedro Sánchez para ampliar la ley de Memoria Histórica supone una impugnación de la ley de Amnistía de 1977 que abrió la puerta a la Transición, y con ello se debilita también el fundamento de la Constitución. De hecho, algunas de las propuestas de reforma avanzadas por Sánchez supondrían una ruptura en toda regla.

Lo que es evidente es que una franja significativa de la población más joven muestra escaso aprecio hacia la Constitución, y una preocupante incomprensión del clima de concordia que la hizo posible. Sin duda ha habido un fallo en la transmisión de sus valores a las nuevas generaciones, un fallo que nos afecta a todos: políticos, escuela, medios de comunicación y sociedad civil. Abordar hoy una reforma constitucional exige la misma altura de miras de la que hicieron gala los padres de la Carta Magna, y eso, por desgracia, no se aprecia en el horizonte.

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