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'El fusilamiento de Torrijos' es "un cuadro que impacta, su verismo es aterrador"

La obra de Antonio Gisbert, que fue director del Prado de 1868 a 1873, es todo un símbolo de la defensa de la libertad

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Raquel Pérez Polo
@RaquelPerezPolo

Redactora COPE 

Ana Mª Yuste
@anayustefm

Editora multimedia

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 00:09

José María Torrijos, el general Torrijos, fue un militar liberal español de gran prestigio internacional. Participó en la Guerra de Independencia desde el momento del alzamiento ayudando a los oficiales Daoiz y Velarde con tan solo 17 años, aunque ya ostentaba el grado de capitán. Luchó incansablemente por la defensa de España y por la restauración de la monarquía de Fernando VII, el  mismo rey absolutista que ordenó fusilarlo, sin previo juicio, al considerarlo una amenaza por su defensa de la Constitución de 1812, la Pepa, y su exaltación del liberalismo. Torrijos cayó en una trampa el 2 de diciembre de 1831 tras desembarcar en Málaga desde donde iba a iniciar un levantamiento liberal en toda España contra Fernando VII. Tras ser detenido y encarcelado, fue fusilado el 11 de diciembre en la playa de San Andrés junto a 48 compañeros de levantamiento entre los que se encontraban Manuel Flores Calderón, antiguo presidente de las Cortes, Francisco Fernández Golfín, ex ministro de Guerra o el teniente británico Robert Boyd. Por todo esto, el General Torrijos se convirtió en un símbolo y un héroe de nuestra historia.

Treinta y siete años después del fusilamiento del General Torrijos, en 1868, durante el Sexenio Revolucionario, el Gobierno liberal que presidía Práxedes Mateo Sagasta encarga a Antonio Gisbert que pinte ese instante, el momento en el que José María Torrijos y sus compañeros son ejecutados mientras gritaban, "¡Libertad!, ¡Viva la libertad!".

Desde ese momento, El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga se convierte en la primera y única pintura de historia encargada por el Estado para el Museo del Prado. Ahora, este impresionante cuadro es el eje de una de las exposiciones con las que la pinacoteca celebra su bicentenario: UNA PINTURA PARA UNA NACIÓN. El fusilamiento de Torrijos

Una simbología muy especial, como destaca Javier Barón, Jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado, "la gesta de Torrijos fue muy apreciada no solo en España sino también internacionalmente y la cobardía de hacerlo fusilar, sin juicio previo, siendo una persona que había combatido en la Guerra de la Independencia, un héroe reconocido también en Francia y en Inglaterra junto a un antiguo presidente de las Cortes y un antiguo ministro de la Guerra, personas liberales muy cualificadas, que mueren por defender las libertades les convierte en héroes, en mártires de los liberales a lo largo de la lucha contra el absolutismo y eso se refrenda en el encargo que hace en 1886 el Gobierno liberal. Es el propio pintor (Antonio Gisbert), muy asociado a los liberales, el que propone el tema pocos años después de que el Congreso hubiera adquirido la última carta de Torrijos a su esposa, de tal manera que ahí hay un núcleo de interés de los liberales, del pintor, de España, de una gesta que en ese momento se reivindica como una defensa de las libertades cívicas que lleva al sacrificio de la muerte. Sacrificio no de una persona sino de un colectivo donde están todas las clases sociales".

El realismo, el naturalismo de la pintura  y sus dimensiones conmueven a quien se encuentre delante del cuadro que Gisbert pintó en Francia, "es un cuadro que permite meterse dentro de él, es un cuadro veraz y causa una sensación de verismo aterradora" explica Javier Barón para quien la composición, la distribución de los grupos en la pintura: los cadáveres, los héroes de pie, el pelotón de fusilamiento detrás significan que "por un lado Gisbert tiene que competir con la memoria y el recuerdo del fusilamiento de Goya, del 3 de mayo, entonces opta por una composición totalmente distinta, pero hay unos restos como esos cadáveres en primer término que representan el lado más dramático y el momento posterior a lo que va a pasar. Pero los héroes principales están ahí solos, de pie, como en un friso y no comparten protagonismo con el pelotón de fusilamiento que está al fondo, relegado, porque no tiene interés a los efectos de exaltar el heroísmo que es lo que pretende Gisbert. En ese sentido, la composición es un acierto. Además, el aspecto de los muertos en primer término no solo mira a Goya sino también la tradición de Géricault, Delacroix que él conocía muy bien porque vivía en París".

En definitiva como remarca el Jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado, "es un cuadro que siempre impacta desde que se presenta en 1888 en el pabellón central del Retiro, lo que es hoy el Palacio Velázquez, luego en el Museo de Arte Moderno, luego en el Casón del Buen Retiro y ahora aquí".

La carta de Torrijos a su esposa antes de partir hacia su fusilamiento

La exposición se completa con Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo también de Gisbert; la réplica reducida  del Fusilamiento de Torrijos;  el boceto del cuadro que Gisbert realizó a carboncillo, lápiz y clarión sobre papel y que es la primera vez que se expone; un grabado en madera del cuadro de Bernardo Rico; un retrato en óleo sobre lienzo de José María Torrijos obra de Ángel Saavedra; un retrato de Sagasta de José Casado del Alisal, prestado por el Congreso de los Diputados; y la última carta de José María Torrijos a su esposa, Luisa Sáenz de Viniegra.

       "Amadísima Luisa mía:

        voy a morir, pero voy a morir como mueren los valientes. Sabes mis principios, conoces cuán firme he sido en ellos y al ir a perecer pongo            mi suerte en la misericordia de Dios, y estimo en poco los juicios que hagan las gentes. Sin embargo, con esta carta recibirás los papeles            que mediaron para nuestra entrega, para que veas cuán fiel he sido en la carrera que las circunstancias me trazaron y que quise ser                    víctima por salvar a los demás. Temo no haberlo alcanzado, pero no por eso me arrepiento. De la vida a la muerte hay un solo paso y ese            voy a darlo sereno en el cuerpo y el espíritu. He pedido mandar yo mismo el fuego a la escolta: si lo consigo tendré un placer, y si no me lo          conceden me someto a todo, y hágase la voluntad de Dios. Ten la satisfacción de que hasta mi último aliento te he amado con todo mi                  corazón. Considera que esta vida es mísera y pasajera y, que por mucho que me sobrevivas, nos volveremos a juntar en la mansión de los          justos, a donde pronto espera ir, y donde sin duda te volverá a ver, tu siempre hasta la muerte".

        José María de Torrijos

"La carta es muy elocuente de la personalidad de Torrijos, una personalidad generosa, de grandeza de ánimos, de amor a los suyos. Una personalidad muy positiva, diríamos hoy, que hace doblemente lamentable que fuera asesinado de aquella manera .La carta está metida en una urna que se diseña específicamente en una especie de cenotafio cuyo modelo es la arquitectura del monumento al 2 de mayo, a los héroes de la independencia y es muy relevante que el Congreso costeara la adquisición de esa carta y luego la realización de la urna obra de Arturo Mélida que trabajará en aquellos años en la Biblioteca y el Archivo" nos detalla Javier Barón. 

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