El Ocean Club de Marbella, el “chiringuito” de lujo donde Epicuro querría entrar

Su piscina de 4000 metros de agua salada o la cocina del chef sueco Andreas Nygrem explican por qué es un lugar de encuentro ineludible para los que buscan la esencia del verano de Puerto Banús 

El Ocean Club de Marbella, el “chiringuito” de lujo donde Epicuro querría entrar

 

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Redactor de cope.es

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 23:43

Nada queda de la Marbella de principios de los años 60. Aquel pequeño municipio de pescadores que pasó de la carestía a convertirse en la meca de la exclusividad. Durante las primeras décadas de los años XX la aristocracia europea prefería las ciudades balneario del norte de Europa a las playas del sur. Mantener el rostro níveo bajo la protección de paraguas resistentes a la brisa marina era sinónimo de distinción social. La 'joie de vivre' -la alegría de vivir- venía de la mano de climas templados que combinaban con el estrépito de las olas al romper.

Pero el despegue de la minifalda y la locura por el sol comenzó a penetrar en aquella Marbella virgen, hasta entonces conocida por los autóctonos que salían a la mar. Eran los tiempos del príncipe Alfonso de Hohenlohe o del empresario José Banús. Entre otros pusieron las primeras piedras de la Marbella actual, situándola en el mapa de los destinos de referencia de la 'jet set' internacional como Mónaco, Cannes o Saint Tropez.

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Desde entonces Marbella no ha dejado de brillar, a pesar de los escándalos de corrupción ligados a sus regidores. Figuras como el rey Fahd de Arabia Saudita o la condesa Gunilla Von Bismarck contribuyeron a convertir esta ciudad en embajadora del lujo más suntuoso. También en escenario de los romances y trifulcas veraniegas escenificadas por los protagonistas del papel cuché.

A escasos 7 kilómetros de su epicentro, Puerto Banús se convirtió en un lugar de peregrinaje para los amantes del lujo. Con el azul del mar Mediterráneo a sus espaldas comenzaron a amarrar los yates de la realeza árabe y de los empresarios más poderosos del planeta. El enclave, perfumado por el olor de las buganvillas, pronto se convirtió en una pasarela de vestidos de Versace y de trajes de baño de Vilebrequin realzados por las joyas de la Casa Bulgari.

Hoy sigue siendo un escaparate del lujo. Pero a diferencia de lo que se cree, este modo de vivir no se refiere únicamente a una demostración de la riqueza. Si bien es un concepto voluble, está más relacionado con lo intangible y la exclusividad, o lo que es lo mismo, con disfrutar de una experiencia única al alcance de una minoría entre los privilegiados.

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En eso el Ocean Club destaca como lugar de referencia del verano de Puerto Banús. Desde las 11 de la mañana hasta la caída del sol se convierte en icono para las personas que desde diferentes partes del globo allí se dan cita. Su piscina de 4.000 metros de agua salada contrasta con la inmensidad del azul turquesa del cielo. Tomarse uno de sus eclécticos cócteles mientras los rayos del sol broncean la piel o dejarse envolver por su atmósfera desde una de sus camas balinesas se convierte en una experiencia sensorial que reproduce a la perfección el concepto de lujo.

También sus exclusivas fiestas en las que el champán es el protagonista. Más de 5000 botellas de ‘Veuve Clicquot’ se descorchan en su célebre ‘Champagne Party’, amenizada por los sonidos de los mejores DJs del momento mientras los colores del Mediterráneo convierten el enclave en una paleta cromática sin igual.

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Como señala su responsable de Marketing, Stephanie Biguzzi, el Ocean Club es el lugar de encuentro de la ’jet set’. Entre sus huéspedes, jeques árabes, personas del mundo de los negocios o futbolistas que encuentran allí un momento de dispersión y asueto. Pero también el escenario ideal para que los sentidos se deleiten. Especialmente el gusto. Los pescados saltan del mar a los fogones del célebre chef sueco Andreas Nygrem en el restaurante Amaï del Ocean, que ofrece una sofisticada carta en la que destaca el ‘cangrejo al estilo Singapur’ o el ‘bogavante fresco’. También su colección de piezas de sushi y sus ensaladas, que empiezan a degustarse por los ojos antes de llegar al paladar.

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Marbella sigue siendo una de las capitales internacionales del lujo tanto por la belleza de su patrimonio natural como por el ambiente que rezuma, digno del mismo Epicuro. Las puertas al hedonismo se abren hasta el próximo 29 de septiembre en el Ocean Club, a partir del cual dejarse seducir por la ciudad.

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