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EDUCACIÓN SORDOS

El fracaso en la educación a niños sordos y su condena a la precariedad

El fracaso en la educación a niños sordos, a los que no se les garantiza la posibilidad de adquirir la lengua de signos desde la etapa infantil de manera natural, les condena a una discapacidad irreversible, a la dependencia de por vida y a la precariedad laboral en su etapa de adultos.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 09:16

El fracaso en la educación a niños sordos, a los que no se les garantiza la posibilidad de adquirir la lengua de signos desde la etapa infantil de manera natural, les condena a una discapacidad irreversible, a la dependencia de por vida y a la precariedad laboral en su etapa de adultos.

Es la denuncia de padres de los más de nueve mil alumnos sordos que hay en España y de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE), que han trasladado al Ministerio de Educación con una petición: que se garantice una educación integral bilingüe a estos menores, es decir, en lengua de signos y oral -como el resto de alumnos- para que tengan igualdad de oportunidades.

"La educación en lengua de signos para el alumnado sordo y sus familias es un derecho, y nunca un privilegio que dependa de territorios, de mayorías, de recursos económicos, o de sensibilidades", explica a Efe la presidenta de la CNSE, Concha Díaz. Y esa educación debe impartirse en entornos donde haya otros niños sordos, que no sean la excepción en el aula, añade.

En España, son una minoría los alumnos sordos que van a colegios o institutos ordinarios donde pueden seguir sus clases en lengua de signos con el apoyo de un intérprete y también de manera oral, como el resto de sus compañeros. Pero ¿qué pasa con la gran mayoría?

"A nuestra asociación nos llegan familias explicando que sus hijos siguen sin lenguaje (ni oral, ni de signos) hasta con 8 y 9 años de edad o que tienen adolescentes que han crecido en tierra de nadie, sin dominar ningún lenguaje", señala a Efe la presidenta de "Volem Signar i Escoltar", Marian González Sánchez.

Esa asociación agrupa a familias de Cataluña que como Marian tienen hijos sordos. En esa comunidad, solo el 7 % del alumnado sordo -137 niños de 2.044- estudia con la modalidad bilingüe, en este caso lengua de signos catalana y lengua oral.

"Tenemos niños gravemente deficientes por no haber adquirido la lengua", asevera la representante de las familias y maestra de educación especial. "La inmensa mayoría de los niños sordos están escolarizados en escuelas ordinarias con apoyo solo de audición y trabajando en lengua oral, con la limitación que tiene en el seguimiento de los contenidos curriculares".

Además, muchos de estos niños son "el único niño sordo de la clase", que siguen las clases de manera oral, sin intérpretes y tan solo con una ayuda que se limita a unas horas a la semana con un logopeda. "Están solos en el aula y juegan solos, es muy grave; y a eso se une que a algunos de estos niños les diagnostican retraso mental o autismo", denuncian las familias.

PRIMERO IMPLANTES, SI NO FUNCIONAN, LENGUA DE SIGNOS

Cada vez es más habitual que el primer paso sean los implantes desde bien temprano y esperar a ver si funcionan, descuidando el aprendizaje de la lengua de signos en esos primeros años cuando el cerebro es más moldeable.

Apenas el 20 % de los implantes tienen éxito; para los que no lo tienen se opta por el aprendizaje de la lengua de signos, relatan.

"La lengua de signos de 0 a 3 años está totalmente olvidada y hasta los tres años no suelen empezar a hablar los niños por lo que estamos perdiendo mucho tiempo en un aprendizaje que debería haber empezado", asevera. "Hay que incorporar obligatoriamente la lengua de signos en su desarrollo; un niño sordo tiene que aprender las lenguas como un niño oyente, pero él ya tiene una lengua".

El problema se agrava cuando los niños sordos llegan a los ocho años sin adquirir una lengua de manera natural, porque no han conseguido aprender la lengua oral. Hablan de "privación lingüística" con consecuencias no solo cognitivas, sino sociales y emocionales, denuncian las familias.

En los casos en los que el implante funciona, "los niños hablan, pueden conversar, pero por ejemplo, en situaciones ruidosas están perdidos", cuenta Marian González.

DISCRIMINACIÓN Y MALTRATO INSTITUCIONAL

En España, hay unos 9.500 alumnos con discapacidad auditiva, el 95 % escolarizados en centros ordinarios y el otro 5 % en educación especial.

Según los últimos datos del Ministerio de Educación del curso 2019-2020, por etapas educativas estarían: 1.464 en Infantil, 3.886 en Primaria, 2.467 en ESO, 380 en Bachillerato, 140 en FP básica, 612 en FP grado medio y superior, 8 en otros programas formativos y 59 en otros programas formativos de educación especial.

"Pocas familias son tan afortunadas como para poder elegir una educación realmente inclusiva para sus hijos. Sigue sin existir una normativa estatal que garantice unos mínimos comunes para todas las comunidades, carecemos de una red de centros bilingües que garanticen el uso y el estudio de la lengua de signos y que cuenten con profesorado sordo", señala Díaz.

En Secundaria y enseñanza universitaria, aumentan las denuncias de estudiantes sordos "por la escasez o ausencia de intérpretes en los centros en los que cursan sus estudios", explica la responsable de CNSE, quien recuerda el elevado número de alumnos sordos que no superan los estudios superiores o los abandonan.

"El resultado son personas con formación académica precaria y que en muchos casos no pueden ejercer su vida ordinaria con autonomía, dependen de las ayudas económicas porque, en su mayoría, tienen trabajos precarios y mal remunerados", lamenta.

MADRID Y MURCIA, EJEMPLOS A SEGUIR

La ley 27/2007 protege el derecho de las personas sordas y sus familias a aprender y usar la lengua de signos y exhorta a las administraciones educativas a disponer de los recursos para facilitarlo, además de ofertar modelos educativos bilingües, explica Díaz.

También la Convención de los Derechos del Niño ha insistido repetidas veces en la importancia de promover la educación en la lengua natural, una idea que también contempla la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Además, el decreto de Educación de 1 de febrero, sobre Educación Infantil, incluye en su articulado la lengua de signos como parte de la oferta educativa, "pero no como obligación", apuntan.

Destacan los modelos de Madrid y Murcia, donde hay colegios bilingües a los que asisten los niños sordos junto a otros que no lo son y piden que se extiendan a otras comunidades.

APOYO NO SOLO EN LA ESCUELA

La mayoría de las niñas y niños sordos proceden de familias oyentes, recuerda la responsable de la confederación, por ello estima que es importante proporcionarles servicios que apoyen las tareas de crianza.

"Si nadie explica a estos padres y a sus educadores en qué consiste la lengua de signos, es muy difícil que puedan recibir una atención temprana completa y acceder a una comunicación bilingüe o incluso plurilingüe de forma normalizada", añade Díaz.

Lamenta que los profesionales sanitarios cuando detectan la sordera no hablen de la lengua de signos a estos padres e incluso otros profesionales educativos aconsejan que no se use porque "creen que perjudica al habla, algo que está comprobado que es absolutamente falso".

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