La matanza a españoles que se perpetró en Filipinas y fue silenciada por la Leyenda Negra: en plena Segunda Guerra Mundial

A finales de uno de los conflictos más importantes del mundo, muchos españoles que seguían viviendo en la que fue la última colonia española fueron masacrados

Manila en 1945, tras el asedio a la ciudad

Ana Rumí

Publicado el - Actualizado

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'Más se perdió en Cuba y volvieron cantando'. Este dicho, muy extendido, resalta una cualidad típica española: la picaresca tras un hecho que podría haber sido traumático. Porque, a pesar de que la pérdida de las últimas colonias (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) fue un duro golpe para el Imperio español, España pudo erigirse como un ejemplo de resiliencia.   

Ojo, no hay que romantizar la actitud española frente a una derrota manifiesta, pero hay que reconocer que se pudo y se supo salir del hoyo que nos relegaba al banquillo de la historia. Y es que 1898 fue, a todas luces, un 'annus horribilis' para España que, otrora, poseía un imperio en el que “no se ponía el sol”.

Y si hubo una pérdida de penetró profundamente en el corazón de España fue la de Cuba y de Filipinas. No por otro motivo sino porque la Leyenda Negra se había cernido sobre aquellos territorios, tachando de malvados, genocidas y crueles a los españoles.

Las islas eran un tesoro preciado español y por la influencia de Estados Unidos acababan de perderse para siempre. Lo peor de todo es que, a pesar de que la huella española pervive en Cubas y en Filipinas, episodios que muestran las bondades de España en estos territorios han sido borrados deliberadamente.

Estados Unidos, al acecho de España

Igual que estaban haciendo en Cuba, Estados Unidos tenía como objetivo acorralar a España y que perdiese su influencia en el mundo. Ellos querían extender su hegemonía y se centraron en el Caribe y, en menor medida, en el Pacífico. Justo donde España poseía sus últimas colonias.   

Si en Cuba la excusa había sido el hundimiento del acorazado Maine, en Filipinas, Estados Unidos aprovechó la revolución de los insurrectos independentistas, que llevaba librándose un par de años.

A finales del siglo XIX, en Filipinas, había surgido un movimiento anticolonial de gran envergadura, que propició, entre otras cosas, que aquellos independentistas formaran grupos de insurrección que culminaron con una revolución.

En un momento en el que, por otro lado, en Cuba se estaba librando una guerra con Estados Unidos, el gobierno Español se sentía desbordado. Sin embargo, los guerrilleros tampoco tenían el poder suficiente para proclamar una república e independizarse, y el gobierno español tampoco lo tenía para acallar a los insurrectos.

Así pues, el general Fernando Primo de Rivera fue designado para gobernar Filipinas, y preso de la presión insurrecta, decidió negociar con los guerrilleros. Se estableció una rendición por parte de los revolucionarios, a cambio de varias reformas.

Eso hubiera continuado así si no hubiera llegado Estados Unidos a enfangarlo todo. Sabiendo que se había iniciado un proceso revolucionario en Filipinas, y que en Cuba parecían victoriosos, auparon a a los insurrectos hasta conseguir que España perdiese sus colonias.

Y lo hicieron como ellos solos saben hacer: vertiendo mentiras que perpetuaban la Leyenda Negra. Necesitaban que España fuese vista como la mala de la historia, como un estado genocida y colonizador que cercenaba los derechos de los filipinos. Precisaban que los filipinos, españoles también, olvidasen aquellas cosas buenas que el gobierno español había hecho por ellos.

La matanza olvidada a españoles en Filipinas  

Se suele decir que, cuando una mentira se repite muchas veces, pasa a convertirse en una verdad. Tanto es así que con la Leyenda Negra, creada para dañar la reputación española, esto ha ocurrido con creces. Si Estados Unidos consiguió que España perdiera Cuba y Filipinas vertiendo mentiras sobre la metrópoli, decidieron continuar con las falsedades hasta el día de hoy.   

Por eso, hay ciertos episodios de la historia olvidados o silenciados, para dañar la imagen de España. Y uno de ellos es, dentro de lo que cabe, reciente en Filipinas.

Año 1945, el mismo en el que la Segunda Guerra Mundial tocó su fin. Filipinas era controlado por Japón, que formaba parte del Eje, y veían cómo la guerra está a punto de perderse.

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Las tropas de Estados Unidos en Manila, después de que Japón arrasase

En vista de que el ejército de Estados Unidos estaba a punto de entrar a Filipinas, Japón comienzó un asedio contra la población que culminó con una matanza indiscriminada: 70.000 personas fueron ejecutadas, de las que 300 eran españolas. Con las ejecuciones, se arrasó con todo el pasado colonial español, incluyendo la destrucción del consulado español.

Aquellos que intentaban contactar con sus familiares en Filipinas, se encontraban con que no tenían respuesta y nunca la tendrían. Solo Estados Unidos, que antes había sido tan cruel con España, pudo salvar a los filipinos.

Tomaron el barrio español y liberaron a los filipinos y españoles del asedio japonés. Un episodio borrado de la historia mundial porque no convenía contar, siguiendo la estela de la deleznable Leyenda negra, que los españoles habían sufrido en un lugar que antes había sido suyo.