ANTROPOLOGÍA MICOLOGÍA (Entrevista)

Long Litt Woon: "Cuando todo es negro, una seta puede iluminarte el camino"

Tras la muerte inesperada de su marido, la antropóloga Long Litt Woon (Malasia, 1958) quedó destrozada y no empezó a ver la luz hasta que se apuntó a un curso de micología. "Cuando todo parece muy negro, una seta puede iluminarte el camino", asegura en una entrevista con Efe.,De su proceso de duelo y su inmersión en el mundo de las setas ha nacido el libro "La buscadora de setas. El inesperado consuelo de una afición", que acaba de publicar la editoria

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 13:00

Celia Sales Valdés

Tras la muerte inesperada de su marido, la antropóloga Long Litt Woon (Malasia, 1958) quedó destrozada y no empezó a ver la luz hasta que se apuntó a un curso de micología. "Cuando todo parece muy negro, una seta puede iluminarte el camino", asegura en una entrevista con Efe.

De su proceso de duelo y su inmersión en el mundo de las setas ha nacido el libro "La buscadora de setas. El inesperado consuelo de una afición", que acaba de publicar la editorial Maeva en español y Ara Llibres en catalán ("El camí del bosc").

"Al principio yo quería escribir un libro un poco particular sobre setas, pero al empezar a pensar en cómo incorporar a mi marido, fallecido, me di cuenta de que en realidad había dos historias que quería contar y son las dos que hay", confiesa a Efe la antropóloga malaya.

Long Litt Woon, que se ha convertido en una experta micóloga, se trasladó a Noruega como estudiante de intercambio y fue allí donde conoció a Eiolf Olsen, se casaron y se instalaron en Oslo. Hace unos años, su marido murió repentinamente y ella quedó destrozada.

"En el libro no menciono cuándo murió mi marido ni cuál fue la causa, es algo que me parece irrelevante. Entiendo que la gente me lo pregunte porque despierta curiosidad cuánto se tarda en superar la muerte de alguien o cuánto dura un duelo, pero en realidad es algo que no tiene una fecha de comienzo y de final", afirma.

En aquel momento no le apetecía salir de casa ni hacer cosas nuevas, pero fue gracias al consejo de unos compañeros que decidió apuntarse a un curso de micología: "Alguien me sugirió que acudiera a este curso y como yo estaba muy desesperada hacía caso de todo lo que me decían".

En su libro, la antropóloga muestra cómo su inmersión en el mundo de las setas le sirvió para avanzar en su proceso de duelo: "Al pasar un hecho tan traumático como la pérdida de alguien llega un momento en el que tienes que preguntarte cómo vas a enfrentarte a esta crisis y qué vas a hacer".

La autora no sabe qué fue exactamente, si los intrépidos paseos por el bosque, la emoción de encontrar su primera seta venenosa o la curiosidad que le generaba la gente que recolectaba setas, pero se enganchó por completo a la micología.

"Como antropóloga veía a los recolectores de setas como una tribu donde el conocimiento estaba muy jerarquizado y mi forma de relacionarme cambió porque yo acabé convirtiéndome en una de estas frikis de las setas", explica entre risas.

La mayoría de estos frikis han acabado conformando su círculo de amistades, pues una cosa con la que la autora no contaba tras la muerte de su marido es que no todos sus antiguos amigos continuaron a su lado.

A medida que Long Litt Woon se ha adentrado en el mundo de las setas, se ha dado cuenta de lo esenciales que son: "Los hongos pueden salvar el mundo, y no es broma. En la descomposición de la materia son fundamentales, por eso pueden ayudar a resolver el problema de la contaminación", asegura.

También le sorprendieron cosas como el hecho de que, en ocasiones, una seta puede considerarse o no venenosa dependiendo del lugar en el que estás.

"Evidentemente, con las setas muy venenosas hay un consenso universal y nadie las come, pero, por ejemplo, en Noruega y Suecia, si coges una seta a un lado de la frontera y coges la misma seta en el mismo bosque pero al otro lado, en uno a lo mejor no te la comes y en el otro sí", relata la micóloga.

Una vez finalizó el curso de micología, Long Litt Woon se presentó al examen para convertirse en una experta micóloga. Debía identificar 150 especies de setas y lo consiguió. Sin embargo, su camino por el duelo no terminó ahí.

Su viaje ha culminado con la publicación de su libro en varios idiomas y su última presentación ha sido en Barcelona. "A la hora de comer me han dicho que en el norte de Cataluña se recogen muchas setas, pero estoy segura de que Barcelona también es un buen lugar para encontrarlas", dice.

Tras pasar una tarde en el mercado de La Boqueria, la antropóloga destaca que lo que más le ha impresionado es la variedad de setas que se venden: "Sois afortunados porque tenéis mucha variedad y tengo mucha curiosidad en saber cómo las cocináis".

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