Madrid - Publicado el - Actualizado
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El pueblo de los Estados Unidos ha elegido a su próximo Presidente y el resultado no invalida la idoneidad del procedimiento. Parece una obviedad pero hay que repetirlo, dado el shock en el que muchos se han instalado. Se agradece que una de las primeras declaraciones oficiales que se han presentado ante la opinión pública, sea precisamente la de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos con la rúbrica de su Presidente.Aceptar los resultados es solo el primer paso para reconocer la legitimidad de la próxima Administración. Lo realmente complejo es lo que sigue: gobernar para el bien común, escuchar a los ciudadanos y fortalecer los derechos de sus familias. Y esto pasa, recordaba ayer la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, por proteger la vida humana (toda la vida), generar oportunidades, fomentar la integración de la diversidad, acoger al inmigrante asegurando la existencia de todos y cada uno, de los que ya están, y de los que llegan, cooperar para que la verdadera libertad religiosa pueda ejercerse de hecho y de derecho, dentro y fuera del país.La sociedad estadounidense está llamada a reconciliarse y a buscar la unidad después de las heridas de esta campaña. La mirada hacia lo global evitará la mezquindad, así como la mirada hacia lo local, permitirá tener los pies en el suelo. Con toda seguridad esto es algo que los católicos estadounidenses están llamados a aportar.



