
Reconocer el mal
Madrid - Publicado el - Actualizado
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El pasado fin de semana se ha estrenado la película de Icíar Bollaín, “Maixabel”. La cinta cuenta un asunto delicado: los encuentros que se produjeron hace diez años entre presos que habían sido de ETA y víctimas del terrorismo. Eran presos que se habían desmarcado de la banda, que querían pedir perdón y que querían reparar, en la medida de lo posible, el daño causado. La película recrea el encuentro entra Maixabel Lasa, la viuda de Juan María Jáuregui, político socialista asesinado por ETA, y su asesino Ibon Etxezarreta.
La película, que lógicamente tiene límites, refleja el dolor de las víctimas y la monstruosidad que supuso la violencia de ETA. También ayuda a entender la presión que la organización terrorista ejerce sobre los que están prisión. Desmarcarse de sus postulados, de la reivindicación de su pasado, es muy difícil. De hecho, a diferencia de lo que ha sucedido con otras organizaciones terroristas, como las Brigadas Rojas, muy pocos presos de ETA han reconocido el mal provocado.
La película deja claro que no hubo beneficios penitenciarios por participar en estos encuentros, pero muestra el efecto liberador que tiene para la víctima escuchar al victimario pedir perdón. Desgraciadamente estos diálogos en Nanclares fueron cuantitativamente poco relevantes. El País Vasco y el resto de España no pueden superar el mal causado por el terrorismo sin que se reconozca sinceramente el daño causado. Una vez reconocido el daño, la posibilidad de perdonar se abre también como una fuente de liberación.



