Madrid - Publicado el - Actualizado
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La conclusión del Jubileo extraordinario de la Misericordia y el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro acaban con un broche de oro: la publicación de la Carta Apostólica Misericordia et Misera. Se calcula que durante un año 900 millones de fieles han cruzado las Puertas Santas abiertas desde África a Oceanía, desde América a Asia pasando por Europa. La misericordia divina ha sido la protagonista y debe seguir siéndolo, porque no es un paréntesis en la vida de la Iglesia, y porque ella está llamada a ser instrumento de misericordia que no excluye a nadie. Misericordia y misión están estrechamente unidas: Francisco ha recordado que Dios sigue siendo hoy un desconocido para muchos, y esa es la mayor de las pobrezas y el mayor obstáculo para el reconocimiento de la dignidad inviolable de la vida humana.Las Obras de Misericordia, releídas a la luz de los desafíos del mundo actual, animarán a forjar una cultura de misericordia que supere la indiferencia, la soledad y el nihilismo. Y porque hacen falta gestos concretos, la Carta da un paso más: la instauración de una Jornada mundial de los pobres el domingo previo a la solemnidad de Cristo Rey. La misericordia que como cristianos hemos experimentado de tantas formas, nos impulsa a ponernos manos a la obra para restituir la dignidad a millones de personas que son nuestros hermanos, llamados a construir junto con nosotros una verdadera ciudad para el hombre.



