Madrid - Publicado el - Actualizado
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Este viernes se ha celebrado elecciones en Marruecos, pero los resultados tardarán en conocerse. Marruecos está lejos de ser una democracia tal como la entendemos al otro lado del estrecho. Falta mucho por hacer, especialmente en el terreno de las libertades de expresión y reunión. La primavera árabe que también sacudió al país impulsó una reforma constitucional en 2011 que todavía necesita concretarse. Pero algunos avances sí se han materializado. Lo más probable es que el Partido Justicia y Desarrollo, el partidos de los islamistas, mayoritario desde 2011, siga siendo el gran protagonista de la vida política. Ya en las elecciones municipales de hace unos meses consiguió buenos resultados. El islamismo marroquí es muy diferente al de los Hermanos Musulmanes en Egipto, o al de Erdogan en Turquía. Mohamed VI y todo el entorno de la corona tienen un gran peso en la vida institucional del país. La monarquía ejerce como contrapeso. En el particular contexto marroquí el islamismo ha tenido que adaptarse y ser muy realista. El proceso que comenzó con la primavera árabe en 2011 aún no se ha cerrado. En Siria dio paso a un invierno de destrucción y muerte. En Egipto, la necesidad de frenar el islamismo ha paralizado el proceso de democratización. Túnez es el modelo de un país de mayoría musulmana que ha sabido, a pesar de todas las dificultades, seguir adelante. Bien puede considerarse un modelo para Marruecos y para todo el Magreb.



