Línea Editorial

Las huellas que deja el Año de la Misericordia

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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No es un punto final, sino un punto y seguido. El Año de la Misericordia ha dado claves para la presencia de los cristianos en el mundo de hoy que son, dice el Papa, las que deben impregnar también «los años por venir». Francisco quiere una Iglesia que anuncie un mensaje de perdón y reconciliación en el mundo, una Iglesia samaritana que se haga «cargo de las debilidades y dificultades» de los hombres y mujeres que encuentra por el camino. Desde el día de la apertura del Año de la Misericordia en Bangui, la capital de la República Centroafricana, el Papa no ha dejado de alentar una manera de testimoniar la fe capaz de derribar las murallas de los prejuicios y los desencuentros, para hacerla más comprensible y atractiva a los hombres de hoy, en sintonía con el mandato del Concilio Vaticano II.Así lo explicaba el propio Pontífice en la bula Misericordiae Vultus, con la que convocó este Jubileo extraordinario. Enfermos, reclusos o personas sin hogar han tenido un protagonismo muy destacado en un año marcado también por la exhortación postsinodal sobre la familia, Amoris Laetitia, y que ha concluido con la creación de nuevos cardenales, muchos de ellos provenientes de países que atraviesan situaciones complicadas, como Siria, Venezuela o Bangladés. La ceremonia de clausura con el Papa acompañado de los nuevos purpurados, entre los que se cuenta el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, es todo un símbolo de que la misericordia es «la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia» en toda su actuación y en cualquier latitud.

Visto en ABC

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