LÍNEA EDITORIAL
Lágrimas por Ucrania
El pueblo quiere estar preparado para que la verdadera paz, que no es el simple alto el fuego, se construya desde el presente de un pueblo que ha decidido vivir

Lágrimas por Ucrania
Madrid - Publicado el - Actualizado
1 min lectura
Ayer en la Plaza de España, ante la imagen de la Inmaculada, el Papa lloró por los ucranianos y por Ucrania. La barbarie del invasor ruso se ha desplegado sobre un pueblo que todavía mantiene vivo el recuerdo del genocidio decretado por Stalin. Putin está haciendo lo mismo. Quiere arrasar Ucrania y llevar al exterminio a su pueblo. En la súplica del Papa estaba presente el martirio que padecen niños, ancianos, jóvenes, madres y padres. A pesar de este martirio, Ucrania sigue viviendo.
La ofensiva rusa se concentra ahora en la destrucción del sistema energético ucraniano. Eso implica que los ciudadanos sufran continuos cortes de electricidad en un momento en que se producen temperaturas bajo cero. El uso de generadores eléctricos no impedirá que las personas mayores y los enfermos que puedan hacerlo abandonen el país generando una nueva oleada de refugiados. La otra cara de la moneda son otros ciudadanos que, después de nueve meses fuera del país, han decidido regresar. Kiev está recuperando la vida comercial y escolar, así como el ritmo laboral.
Las iglesias se llenan y las celebraciones de la Misa han regresado al ritmo previo a la guerra. Nada es igual en Ucrania desde el pasado mes de febrero. La Navidad será dolorosa. El frío causará más muertes. Pero el pueblo quiere estar preparado para que la verdadera paz, que no es el simple alto el fuego, se construya desde el presente de un pueblo que ha decidido vivir.



