Madrid - Publicado el - Actualizado
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Esta tarde se pondrá fin a la situación excepcional que ha vivido España en los últimos diez meses. Por fin tendremos Gobierno. El bloqueo durante casi un año, a pesar de una amplia mayoría constitucional en el Parlamento, y la repetición de las elecciones, quedarán como un gran fracaso de nuestra vida democrática.Afortunadamente recuperamos la normalidad institucional. Pero no está todo ni mucho menos resuelto. Vamos a tener presidente del Gobierno más por agotamiento que por un cambio de cultura política. Y ese cambio de cultura entre los partidos es urgente para evitar que la legislatura sea un fiasco. La transición diseñó unos mecanismos encaminados a favorecer Gobiernos con amplias mayorías. Pero ahora es necesario un diálogo real para buscar acuerdos. El diálogo es prácticamente imposible mientras la vida política española sufra una hiperinflación de ideología. Ya no sirve repetir lemas ideológicos que, a menudo, son expresión de pereza intelectual y de falta de voluntad para buscar el bien común. Ahora hay que remangarse. La capacidad de diálogo y de concertación se incrementa cuando se afrontan sin prejuicios las necesidades concretas. Esa, por otra parte, es la tarea de la política. Y necesidades tenemos muchas: en educación, en el modelo territorial, en mejora de la productividad, en creación de empleo, en sostenibilidad fiscal. La lista es larga.



