Madrid - Publicado el - Actualizado
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El debate de investidura iniciado ayer tras el cambio de postura del partido socialista, podría resumirse en pocas palabras: el intento del PSOE de explicar su abstención con el anuncio de que seguirá rechazando las políticas económicas y sociales llevadas a cabo en la anterior legislatura. De sobra sabe el PSOE que el futuro Gobierno, con todos los esfuerzos que deberá afrontar para negociar, pactar y dialogar todas las iniciativas que lleve al Congreso, no podrá rebasar los límites de sus compromisos con Bruselas, ni los que le marcan el techo de gasto y los propios presupuestos, a los que ya anuncian su oposición. Pese a ello, la intención del quebrado partido socialista es la de proponer una serie de decisiones que implican un considerable aumento del gasto, imposible de asumir. Puede entenderse que el PSOE trate de convencer de que el cambio de postura adoptado por su Gestora no significa renuncia a sus principios. Pero resulta absurdo condicionar su abstención a un cambio radical de política económica. No obstante, todo está por ver en esta inédita etapa y será la realidad la que se imponga a las utopías de quienes tienen por delante una dura experiencia de reconstrucción interna e ideológica. Por otra parte, la demagogia barata derrochada por los populistas ha encontrado cumplida respuesta en uno de los momentos más brillantes del Rajoy parlamentario. La nueva etapa que se abre parte del pacto entre Partido Popular y Ciudadanos, reiterado en el debate por Rajoy y Rivera, un pacto que entraña muchas de las reformas que el propio PSOE había asumido en su momento.



