Madrid - Publicado el - Actualizado
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Pensar que no tenemos remedio es una poderosa tentación. El Cardenal Ricardo Blázquez lo ha subrayado en el discurso de inauguración de la Asamblea Plenaria de los obispos españoles, que se reúnen esta semana en Madrid. La nueva situación social y política que atraviesa España, aun con todas sus dificultades e incertidumbres, abre un horizonte de esperanza que no es, sin más, un deseo de que nos vaya mejor. La esperanza y el pasado no se pueden separar. En nuestra historia hay motivos para la humillación y la gloria. España, como ha recordado el Presidente de la Conferencia Episcopal, ha dejado una huella profunda en la historia de la humanidad. Pero sin una revisión y regeneración ética no podemos afrontar esperanzadamente el futuro.Para fortalecer el trabajo de la esperanza necesitamos abandonar la incomunicación, caminar unidos y supeditar los partidismos al bien común. Ante los desafíos pendientes, el diálogo se abre como la vía digna del hombre para indagar en las preguntas y encontrar respuestas. No podemos olvidar lo que supuso la Transición en este terreno. Sigue ahí como referente orientador al que volver, aunque deba ser constantemente enriquecido. A hechos inéditos, hay que responder con propuestas renovadas y los obispos ofrecen su mano tendida y su colaboración más sincera, porque la regeneración moral, la concordia entre las personas, el trabajo conjunto de los grupos sociales y la renovación diaria de la esperanza tienen en Dios su cimiento más eficaz.



