De arrepentimiento, ni hablamos

El juicio del 'procés' ha llegado a su fin esta semana

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Patricia Rosety
@patriciarosety

Jefa de Tribunales

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13:39

Tan convencidos como el primer día. Volverían a hacerlo. Los acusados consideran que fueron al banquillo porque les persiguen por sus ideas políticas. Es un juicio político, según ellos. No se arrepienten de nada y lo volverían a hacer. El conflicto catalán es político y lo que se necesita es una respuesta política. Pidieron en el Supremo, ante el tribunal que les juzga, el tribunal de Marchena, diálogo, negociación y acuerdo. Pero eso no le corresponde al Supremo, la respuesta que tiene que dar es sobre doce acusados de haber cometido, presuntamente, una serie de delitos. Como en todos los juicios. Pero ellos, los acusados, sólo querían hablar de Política, como varios de los abogados defensores.

“Creo que lo mejor para todos, para Cataluña, para España, para Europa, es devolver la cuestión al terreno de la buena política, de donde nunca debió haber salido”, dijo Oriol Junqueras. Y añadió que, mientras tanto, “contribuirá a promover la democracia, la convivencia y el bien común, a través de las urnas”. Junqueras, que se refirió a sus convicciones religiosas, fue el primero en hablar.

Le siguió Raül Romeva. En la misma línea pero con duras críticas a la Fiscalía. Fue el primero que habló de presos políticos en el derecho a la última palabra. Quiso decir ante el tribunal que no se juzgaba a los doce acusados, sino a dos millones de personas. Y aprovechó para tender la mano porque cree que hay una oportunidad. Pidió valentía al Supremo. Entienden que el Alto Tribunal tiene en su mano dar una respuesta, incluso tiene la responsabilidad. Así lo expresó Jordi Sànchez, que considera que la Constitución del 78 no tiene la respuesta para Cataluña. También Josep Rull se refirió a la oportunidad del Supremo. “ La democracia se defiende con más democracia, los derechos con más derechos”.

Insistieron en que eran independentistas y no renunciarán a ello. Quisieron lanzar el mensaje de que los independentistas no odian a España. Incluso Junqueras dijo que la amaba, al principio del juicio. Pero “el odio engendra odio”, manifestó Romeva. Y Jordi Turull dijo que una sentencia condenatoria no iba a descabezar el independentismo.

Cuixart fue de los más claros con el no arrepentimiento, tiene muy claro que volvería a repetir lo que hizo, y que “el problema no es de desobediencia civil, sino lo contrario, de obediencia civil”. Forcadell está convencida de que ha ido al banquillo porque era Presidenta del Parlament. Considera que hizo lo mismo que el resto de la Mesa, que será juzgaza por desobediencia en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Y ella está acusada de rebelión. Dolors Bassa se declaró directamente inocente. A algunos de los acusados se les notaban los nervios, y también la emoción. Con lágrimas en los ojos o la voz quebrada. Nueve están en prisión preventiva, y los doce se enfrentan a penas de cárcel.

Los abogados no suelen recomendar a sus defendidos que utilicen el derecho a la última palabra. No se ha dado el caso de que ninguno, por ello, se haya salvado, y es posible que clarifique una posible condena. Pero el caso del Procés es un caso distinto. Y ya se acabó. Ahora, a esperar la sentencia.

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