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Sánchez aguanta el pulso de Iglesias para condicionar la Legislatura de cara a los Presupuestos

El líder de la formación morada tendrá que ser testigo de las negociaciones de Sánchez con formaciones como Ciudadanos en los primeros compases de este nuevo curso

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Eduardo Parra / Europa Press

Ricardo Rodríguez
@rrodriguezmaeso

Jefe de Política

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 23:38

Intramuros de La Moncloa contemplan ahora mismo mucho más despejada la senda del entendimiento con CS que con ERC de cara a sacar adelante unos Presupuestos Generales del Estado definidos según los guionistas de Pedro Sánchez como “de país”. Contactos discretos mantenidos con los naranjas en estas últimas semanas – léase Carmen Calvo o María Jesús Montero, de un lado, e Inés Arrimadas y Edmundo Bal, por el otro – han venido a dar aire al optimismo en la antesala del despacho presidencial ante un curso que se antoja muy complejo.

La sensación del entorno de Sánchez es de que “hay suficiente agua en la piscina” para lograr negociar las cuentas públicas con los naranjas a cambio de compromisos tales como limitar, incluso aparcar, la subida de impuestos. En ningún caso, al menos de momento, se renuncia a tentar a ERC, el socio de investidura independentista. Y ello aun cuando, en el actual contexto de guerra fratricida en el mundo secesionista, es percibido entre estrechos colaboradores del jefe del Ejecutivo como “menos de fiar que nunca”. En el mejor de los escenarios, a decir de esas mismas fuentes, podría llegar a arrancarse de los republicanos una abstención.

Ese es el fondo de la cuestión que ha llevado a Sánchez a abrir puertas a los naranjas, causando un incremento de los decibelios con Iglesias, siempre presto a mantener vivos los antagonismos ideológicos. La búsqueda de una entente con CS ha sido motivo de encontronazos entre socios de coalición en los “maitines”, la cita de los lunes que reúne alrededor del Presidente a Calvo, José Luis Ábalos, Montero, Salvador Illa, Adriana Lastra, Iván Redondo, Pablo Iglesias, Irene Montero, Pablo Echenique y Juanma del Olmo. En el seno de ese sanedrín, el líder de Podemos ha tragado con buscar el entendimiento con los naranjas para distintas medidas como las prórrogas del estado de alarma, pero nunca ha dejado de avisar de que los PGE son la columna vertebral de un Gobierno y en ningún caso podían pactarse con la “derecha”.

Pero Sánchez ha desoído a Iglesias y su intención está lejos de toda posibilidad de aflojar. Su objetivo, obviamente, salvar la Legislatura. En las últimas horas, los morados han cambiado el pie del acelerador al freno y han exigido como punto de salida un consenso del proyecto entre los socios de la coalición. Unos Presupuestos permitirán alcanzar el 2023, año fijado en La Moncloa para tener a España en la senda de la recuperación económica tras la pandemia y poder encarar con la cabeza alta unas elecciones generales. Hasta entonces, Pedro Sánchez parece plantearse su mandato como una guerra de resistencia. Y se nota en la baja moral de los ministros. Los estrategas monclovitas ya han decidido multiplicar su presencia, transmitir la sensación de actividad frenética, convertirlo en el “Presidente, omnipresente”.

Así las cosas, entrará dentro de la tónica semanas como la de este arranque del curso político, con conferencia este mismo lunes 31 de agosto en la Casa de América de Madrid rodeado de una amplia representación de la sociedad civil, incluidas las principales empresas del Ibex, seguido el martes del Consejo de Ministros, miércoles y jueves de la ronda de contactos con los principales líderes políticos y Conferencia de Presidentes autonómicos el viernes. Suma y sigue.

En paralelo, el entorno de Pedro Sánchez considera que la debilidad del vicepresidente de Derechos Sociales garantiza su trágala al diálogo con CS. “Ese aceite de ricino se lo beberá Pablo Iglesias”, concluye gráficamente un fontanero de La Moncloa.

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