El imposible asalto a los cielos de Podemos

Pablo Iglesias irrumpía en la escena política haciendo mucho ruido en las europeas de 2014. Pero ni ha llegado a Moncloa y se aleja la vicepresidencia

José Melero Campos
@ImparablesCope

Redactor y presentador del programa "Imparables Cope".

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 02:00

No ha sido la Legislatura de Podemos. Si bien es cierto que desde su creación en enero de 2014 consiguió reunir a muchos “indignados” por las políticas de ajuste aplicadas por los sucesivos gobiernos como consecuencia de la crisis económica, lo que permitió a la formación morada atraer un importante granero de votos en los comicios de diciembre de 2015 y en junio de 2016, los apoyos obtenidos fueron insuficientes para conformar un Gobierno de cambio en España, en buena medida por la debilidad del PSOE.

Las disputas internas, tan frecuentes en el espectro de la izquierda, el talante poco conciliador de Pablo Iglesias y la incoherencia en sus mensajes, han hecho que su discurso se haya ido desinflando con el paso de los meses, permitiendo así a los socialistas aflojar la corbata y recuperar buena parte de su electorado. A día de hoy, las encuestas apenas otorgan 35 diputados a Unidas Podemos de cara a los comicios del 28-A. La mitad de los escaños obtenidos hace menos de tres años.

La coalición PODEMOS-IU, un fracaso

La coalición PODEMOS-IU, un fracaso

 

La ambición política jugó una mala pasada a Pablo Iglesias, que se propuso como Vicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez tras los comicios de diciembre de 2015. Para muchos, aquello reventó las negociaciones con el PSOE para impulsar el “gobierno del cambio”. En las filas socialistas aquello se interpretó como un intento de Iglesias por destruir al PSOE y ocupar el espacio político de la izquierda.

La relación entre ambas fuerzas se vieron deterioradas, máxime cuando semanas más tarde Pedro Sánchez alcanzó un pacto de Legislatura con Ciudadanos, que Podemos consideró una traición. A ello se sumaba la imposibilidad de Rajoy de conformar una mayoría estable para continuar en La Moncloa. La repetición de las elecciones estaba servida.

De cara a los comicios de junio de 2016, Iglesias tenía claro que para asaltar los cielos necesitaba fusionarse con IU para capitalizar todo el voto de la izquierda. Tras el acuerdo llegado con su líder, Alberto Garzón, la marca con la que ambos partidos concurrirían juntos a las elecciones se llamaría Unidos Podemos. Decisión que no saldría gratis a Garzón, que veía como sus siglas no estaban incluidas en la marca. Dirigentes históricos como Julio Anguita apoyaron la alianza, que luego refrendaron los militantes de ambas formaciones tras la consulta que formularon a las bases, pese a que destacados miembros de la formación morada, como su número dos, Íñigo Errejón, mostraba sus dudas sobre la efectividad de la operación.

Errejón tenía razón. La alianza fracasó. Quedó muy lejos del PP y del sorpasso al PSOE: 71 escaños. La alianza con IU le reportó tan solo dos escaños más que en los comicios de 2015, y una pérdida de más de un millón de votos. La alianza dio lugar a mensajes contradictorios y de difícil encaje durante la campaña. Pese a mantener la oferta de diálogo al PSOE, la formación de un Gobierno se antojaba casi imposible: “Esperábamos unos resultados diferentes. Es el momento de reflexionar”, afirmaba aquella noche Pablo Iglesias.

Una noche que también se le atragantó a Garzón, que tras el cierre de los colegios electorales, cuando los sondeos a pie de urna consumaban el sorpasso, tendió la mano al PSOE para negociar un Gobierno de izquierdas en España, aunque con Unidos Podemos como guía de esas negociaciones.

Las consecuencias del Congreso de Vistalegre II

Las consecuencias del Congreso de Vistalegre II

 

Los resultados electorales de 2016 dejaron a Podemos muy tocado. La unidad en torno al líder, Pablo Iglesias, se resquebrajaba por momentos, permitiendo el auge del sector errejonista, que aspiró a tomar las riendas de la formación morada en el II Congreso de Vistalegre, celebrado en febrero de 2017.

Pese al ruido generado por Errejón y sus seguidores, fueron derrotados de manera contundente. Iglesias, que representaba el ala más radical de PODEMOS y la vuelta a la izquierda más tradicional, continuaría controlando, aún más si cabe, la dirección de Podemos. Tanto es así que días más tarde, relevó a Errejón como portavoz morado en el Congreso de los Diputados. Dejaría de estar a la derecha de su jefe. El cargo pasaría a ocuparlo Irene Montero.

Errejón quedaría relegado a la segunda fila del grupo, en el lugar que hasta entonces ocupaba otra mujer fuerte del partido hasta entonces, Carolina Bescansa, que fue relevada de todos los órganos de dirección. Los errejonistas quedaban así desterrados a las últimas filas de la Cámara Baja. Una purga en toda regla, pese al grito de “Unidad” que salía de los asistentes a Vistalegre. Lo máximo a lo que podía optar Errejón era a liderar la candidatura de Podemos a la Comunidad de Madrid en las elecciones autonómicas del 26 de mayo de 2019.

El Congreso de Vistalegre puso fin a la división interna, pero ello no conllevaba unas mejores perspectivas electorales. Más bien al contrario. Podemos abandonó la transversalidad que había caracterizado a los morados, gracias en buena medida a la mayor moderación de Íñigo Errejón. Así las cosas, el primer CIS de 2018, un año después de la celebración del Congreso, situaba a Podemos en el cuarto lugar, con el 18% de los sufragios. Una caída en las encuestas que vino motivada por la solución de Podemos de celebrar un referéndum para atajar el conflicto catalán.

Pese a que públicamente Unidos Podemos daba sensación de unidad, los socios de IU exigían renegociar el acuerdo marco de la coalición para recuperar la agenda social de la izquierda, tras meses marcados por separatismo catalán.

La crisis de Galapagar

La crisis de Galapagar

 

Las expectativas electorales de Podemos no mejoraban con el paso de los meses. Tampoco contribuía a paliar la situación las noticias que se conocían en los medios de comunicación sobre la vida privada de Pablo Iglesias con su pareja sentimental y número dos del partido, Irene Montero. Concretamente, la compra de un chalet en la localidad madrileña de Galapagar, una de las zonas exclusivas de la capital de España, que supuso un coste de 660.000 euros. Decisión que tomaron ante su maternidad inminente.

Pese a que la dirección del partido se esforzaba en explicar que ambos dirigentes añadirían la nueva propiedad a los portales de transparencia del Parlamento y también a la página web de Podemos, muchos vieron en esta adquisición una ostentación de riqueza y una incoherencia ideológica, máxime si se toma como referencia algunas declaraciones realizadas por el líder de la formación morada en el pasado, tales como "¿entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 en un ático de lujo?", decía Iglesias sobre el ex ministro de Economía, Luis de Guindos.

Un malestar que manifestaron en silencio numerosos miembros de la formación, y que se extendieron a las redes sociales, tanto de simpatizantes como detractores de los ideales de Podemos. Curiosamente, uno de los defensores de la pareja fue el defenestrado Errejón, que afirmó aquellos días que "no tiene nada que ver comprar una vivienda para especular que comprársela para vivir. A partir de ahí o más allá de eso considero que esta polémica es lamentable, tiene aspectos que invaden la privacidad de las personas."

Otros miembros no lo veían así, y creen que aquella noticia “cayó bastante mal entre los simpatizantes, no tanto porque haya nada turbio respecto al origen del dinero, sino por la estética, porque siempre hemos defendido ser más cercanos y parecidos a la gente común y una casa de 600.000 euros obviamente no es lo habitual", explicaba una dirigente morada.”

La rama oficialista y próxima a Iglesias y Montero, rechazaban por su parte que esta compra afectara a la manera en la que Podemos hace política o articula su discurso.

Errejón se va con Carmena

Errejón se va con Carmena

 

Podemos se había acostumbrado a vivir en un brinco. A comienzos de 2019, el hombre que se había enfrentado a Pablo Iglesias y uno de los fundadores del partido, Íñigo Errejón, optó por abandonar su escaño como diputado en el Congreso. Una decisión que tomó días después de renunciar a la marca Unidas Podemos para aliarse con Manuela Carmena en su plataforma 'Más Madrid' en su candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid en los comicios del 26 de mayo.

En aquella carta, Errejón justificaba esta alianza con la alcaldesa de la capital de España para llevar a cabo un "proyecto que renueve la ilusión y confianza de la mayoría, ya que hay que abrir y sumar yendo más allá de las siglas porque Andalucía ha sido un toque de atención y necesitamos un revulsivo".

Fuentes de la dirección nacional de Podemos calificaron como deslealtad el portazo de Errejón, exigiendo su dimisión como diputado. Tanto es así que destacados dirigentes como el Secretario de Organización, Pablo Echenique, llegó a sugerir que en un primer momento Errejón se quería mantener en el escaño “porque de algo tiene que vivir hasta mayo.”

La ruptura ha llegado hasta tal punto que Podemos y ‘Más Madrid’ se presentan por separado en Madrid en las autonómicas y municipales. Sí lo hará en cambio con IU. De esta manera, las opciones de la izquierda del PSOE de Madrid, que pilota Ángel Gabilondo, están más fragmentada que nunca.

Y volvió el líder... ¿justo a tiempo?

Y volvió el líder... ¿justo a tiempo?

 

“VuELve”. Es el lema con el que se anunciaba el regreso de Pablo Iglesias para el 23 de marzo, después de que el 20 de diciembre de 2018 se diera de baja por paternidad. En la imagen se podía ver un líder de Podemos con el puño en alto ante las masas en la madrileña Puerta del Sol. El lema generó polémica, que el propio Iglesias criticó, dado el componente paternalista que escondía para muchos el mensaje.

Un retorno que llegó semanas antes del intenso ciclo electoral de esta primavera. El Secretario General de Unidas Podemos y candidato de la formación a la presidencia del Gobierno reconoció en su regreso que “Podemos había decepcionado a mucha gente, hemos dado vergüenza ajena por nuestras peleas internas".

Un Pablo Iglesias que recordó al de las tertulias en los platós televisivos, tratando de enarbolar de nuevo la bandera del 15M. Un Iglesias en definitiva más alejado del que se ha presenciado en los últimos años, cuando trató de suavizar sus formas ante los medios, especialmente tras la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa, cuando buscó llegar a acuerdos con el presidente del Gobierno de signo socialista.

La llegada de Pablo Iglesias coincide con el peor momento de la formación en cuanto a expectativa de votos. Cuarto en la mayoría de encuestas, sus escaños podrían facilitar la investidura de Pedro Sánchez para sostenerse en La Moncloa, pero no les llegaría para exigir puestos de responsabilidad y asaltar los cielos.

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