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El perfil psicológico de Ana Julia Quezada: "Fría, manipuladora y con falta de empatía, pero no una psicópata"

El juicio contra la presunta autora del asesinato de Gabriel comienza este lunes. La Fiscalía pide para Ana Julia prisión permanente revisable

El perfil psicológico de Ana Julia Quezada: Fría, manipuladora y con falta de empatía, pero no una psicópata

 

José Melero Campos
@ImparablesCope

Redactor y presentador del programa "Imparables Cope".

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 21:25

La Audiencia Provincial de Almería acoge este lunes el arranque del tribunal de jurado que debe dirimir la culpabilidad o no culpabilidad de Ana Julia Quezada, de 48 años, acusada de asesinato por la muerte violenta en febrero de 2018 del niño de ocho años Gabriel Cruz (el Pescaíto) y de ocultar su cuerpo sin vida durante 13 días. La Fiscalía y la acusación particular piden para Quezada prisión permanente revisable y penas que suman hasta diez años de cárcel por las presuntas lesiones psíquicas infligidas a los padres del menor. En este punto, habría que recordar el perfil de la acusada, causante de que durante casi dos semanas España estuviera en vilo.

Fue quien secuestró al menor, para posteriormente estrangularle y ocultar su cuerpo. Durante trece días, simuló ante el pueblo, los medios de comunicación y toda la sociedad estar tan preocupada como el resto de los allegados del niño por su desaparición. Un aspecto que la Fiscalía no ha pasado por alto, afirmando que durante dos semanas Quezada mostró con "aflicción, compungida y apesadumbrada, involucrándose en las batidas de búsqueda en una clara actitud de simulación, fingimiento y farsa, pública y notoria con absoluta frialdad de ánimo".

No fue hasta el quinto día de la desaparición de Gabriel cuando aparecieron las primeras pistas y los primeros errores de la presunta asesina. Fue el día en el que apareció una camiseta de la víctima, que su propia verduga, Ana Julia había depositado estratégicamente a pocos kilómetros de la depuradora. Fue la propia Ana Julia quien entregó la camiseta a los agentes. Aquello fue su condena. La camiseta estaba mojada como consecuencia de la lluvia, pero no lo suficientemente empapada como debía corresponder a las abundantes precipitaciones que cayeron los días previos a este descubrimiento.

Con el paso de los días, el cerco a Ana Julia era cada vez mayor. Los agentes, que sospechaban de ella, tenían como objetivo que fuera ella misma quien les condujera a Gabriel. Para ello, incluso se le instaló un micrófono en su coche, se la siguió durante las 24 horas del día y se le pinchó el teléfono. Los investigadores incluso pidieron a los padres de Gabriel, separados, que disimularan ante ella.

El objetivo de los investigadores se cumplió el once de marzo de 2018, cuando Ana Julia se dirigió a la finca de Rodalquilar, propiedad del padre de Gabriel, cuya pareja era por aquel entonces Ana Julia, y donde había enterrado su cuerpo. Acudió a la finca para desenterrar el cadáver, introducirlo en el maletero y esconderlo en otro lugar. Fue durante el traslado, en la localidad de Vícar, cuando los agentes detuvieron el coche para detenerla.

El perfil psicológico de Ana Julia Quezada 

De frialdad criminal. Así se definen los casos en el que el autor de un crimen colabora en una búsqueda a sabiendas de que es él o ella el responsable de lo ocurrido: Es la capacidad de simular los sentimientos y las emociones en beneficio propio. Es el caso de Ana Julia, según el psicólogo criminalista Jorge Jiménez que afirma que esa frialdad “se manifiesta en un encanto superficial con el que pretende mantener una relación armoniosa con todos a fin de no levantar sospechas entre los investigadores”.

Para Jiménez, los rasgos de la presunta asesina son los de “una persona fría, manipuladora y con falta de empatía. Para muestra, las movilizaciones a las que acudía con los padres de Gabriel, en las que estos pedían al captor la liberación del niño”.

No obstante, a priori Ana Julia no encaja dentro del perfil de psicópata, dice el experto. “Si bien el psicópata es una persona egocéntrica y con falta de empatía, es decir, que solo piensa en ella y que establece relaciones con los demás como medio para obtener algo a cambio, no actúa movido por sentimientos hacia nadie. En este caso parece que el móvil del asesinato fueron los celos hacia el niño motivados por su relación con el padre, lo que lleva a descartar esta posibilidad”, explica Jiménez.

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